miércoles, 11 de abril de 2018

Advenedizo.

Mi novia organizó una pequeña reunión con sus compañeros la semana pasada en su casa. Aún insiste en integrarme a su círculo pero yo encuentro absurda tal imposición y espero se rinda pronto, porque estamos años luz de distancia: yo estoy más cerca a la clase obrera y ellos son profesionistas. De trabajar en el mismo lugar a mí me correspondería limpiar sus baños, así que una amistad con ellos está completamente fuera de lugar. Ni siquiera una charla informal tiene cabida. Y es que no me interesa ser un miserable advenedizo.

Además, mi presencia fantasmal enrarece sus reuniones. Ni ellos ni yo sabemos cómo comportarnos o de qué hablar y tendemos a guardar silencio. Se hace evidente la barrera económica, ideológica y académica, todo lo cual agrava mi timidez. Para espesar aún más mi vergüenza, mi novia interviene aclarando que soy “super tímido” como justificando mi conducta anormal. Yo solo puedo pensar cómo es que mi novia no nota su contradicción: si sabes que una persona es tímida no la obligas a convivir.

Mi novia suele ser un poco soñadora en este sentido. Cree que es posible unir a todas las personas que aprecia a pesar de sus diferencias. Quiere vernos a todos formando un círculo, tomados de la mano, cantando coros felices, en un campo de flores, con un arco iris sobre nuestras cabezas. Pero ella sí se permite discriminar, descartar y omitir a quienes no le agradan. Siento que hay algo perverso en esa tendencia suya. Por qué adherir todos sus afectos en una masa libre de discordia. Eso es tiranía. O simplemente le da lástima verme tan solo.

No se me malentienda, que sus amigos no son malas personas, de hecho (excepto por una chica con arrebatos feminazis) son muy agradables y podría decirse que hasta sencillos, al menos de primera impresión. Pero mi fracaso profesional marcó el modo en que me relaciono con los demás: todo tipo de interacción social o familiar tiene un cariz tortuoso y deja un rastro de humillación. Si marco distancia no es por altanero, solo estoy respetando jerarquías.

viernes, 30 de marzo de 2018

Aguas tranquilas.

Leonid Afremov
Estoy solo en una habitación que cubre mis necesidades. Se asemeja mucho a mi cuarto pero admito que es mejor. Una versión 2.0 de mi soledad. Hay luz, un radio, una cama, baño y regadera. Mayor espacio e incluso una modesta mesa donde puedo escribir o dibujar.

Tengo pocas posibilidades de ser molestado. No tengo fobia a salir y toparme con algún vecino. Si necesito algo, hay tiendas muy cerca y no socializo con nadie. No hay una cortina rota que me avergüence. Sobretodo, aquí no apesta a cigarro.

Más de un año ha pasado desde la última vez que me he puesto a escribir a mano. Me he adaptado parcialmente al teclado pero el diario en papel es insuperable. Siempre seré rústico en este aspecto. Lo extrañaba mucho.

Desde que mi casa fue saqueada y mi diario fue robado no volví a tomar una pluma para unas líneas personales. Podría pensarse que mi actual contexto facilitaría la labor pero después de lo que pasó me queda claro lo frágil de la privacidad. La gente es curiosa o francamente entrometida. Esta sola cuartilla significa un riesgo y la sepultaré en el blog en cuanto pueda.

Por lo demás, todo transcurre en calma y no tengo mucho qué narrar. No puedo quejarme. De no ser por mi novia, que me facilitó esta habitación en el mismo predio de su casa, quizá habría terminado en la calle. Así que me ha ido mejor de lo que esperaba. El año pasado fue bastante tenso y no podía pensar con claridad pero ahora tengo oportunidad de ganar perspectiva.

domingo, 4 de marzo de 2018

Lo que se me arrebató.

Dije en una entrada anterior que, después que murió mi padre, sus parientes aprovecharon mi ausencia para saquear la casa. Antes del saqueo, hoy hace un año, todavía pude entrar y ver a mi gatita.

Ya no la volví a ver.

No diré que esto iguala la pérdida de un hijo. Pero no es menos desolador: nunca sabré si dieron a mi gatita en adopción, o la arrojaron a la calle, o la sacrificaron. Esa punzante incertidumbre.

Como mínimo, merece ser honrada en una entrada.

Arreglé esta foto mediante filtros ya que la original tenía una insípida tonalidad azul. Si bien poseo fotos más recientes elegí esta por ser una de las mejores, que data del 6 de Agosto de 2013.

Ante las pérdidas que aún no asimilo, no tengo mucho qué decir. Extrañaré a mi gatita y nunca la olvidaré.

viernes, 2 de marzo de 2018

Determinismo genético.

A mediados del año pasado recibí la llamada de una sobrina de mi padre, la misma que me informó de su muerte ocurrida hace exactamente un año. Y la única que tuvo la honestidad de escuchar ambas versiones de la historia. Aún me reiteró su interés por reanudar nuestro vínculo como primos.

Me contó que el hijo mayor de la tía que demandé tiene ciertos problemas que lo han convertido en un lastre para su familia. Pude interpretarla mal, pero entendí que tienen que lidiar con él como un ser desvalido o con cierto grado de demencia. Como la mayoría en esa familia, él siempre tuvo delirios de grandeza. También solía contar historias evidentemente fantasiosas como si fueran reales. Él y mi padre solían reforzar mutuamente sus bobas ilusiones de superioridad y poder. Como sea, no lo vi acompañar a su familia durante ninguna de las audiencias, lo que me hizo pensar que su estado mental es grave. Tan grave como para dejarlo en casa, posiblemente al ciudado de alguien más.

El hijo menor no se queda atrás. Cuando en la última audiencia le preguntaron a su madre a qué se dedicaba él, prefirió no responder, lo que resultó algo sospechoso al tratarse de una pregunta sencilla. Cuando le preguntaron directamente a él titubeó un poco, pero terminó confesando su supuesta ocupación. La prima con que hablé me dijo que no se dedicaba a nada, lo que a su edad (40 años) era ya preocupante pues, al igual que su hermano, nunca había trabajado y ambos seguían dependiendo de sus padres. Estoy siendo elocuente. En México a este tipo de gente solemos llamarle "huevones". En realidad la madre es igual: una persona sin oficio. El único medianamente capaz de generar dinero en esa familia es el padre, quien a pesar de jamás haber despuntado en su profesión ha de ganar lo suficiente para llevar tres parásitos a cuestas.

Ahora pienso en mi padre, a quien siempre se le vio como próspero y emprendedor. En realidad, su época buena habrá durado diez años cuando mucho. Fue uno de tantos que quedó desempleado en aquella crisis económica de 1994 y de la cual no logró sobreponerse. Considero que ese fue el año en que comenzó su espiral descendente. Sus rasgos como malos hábitos de higiene, adicción a la pornografía y al cigarro, y megalomanía, se acentuaron. Por lo menos se hicieron más notables al estar él siempre en casa, todo el día. Despojado de su rol de proveedor comenzamos a ver su verdadera naturaleza: huevón, insidioso, morboso, vicioso y desaseado. Y así hasta el año pasado. Veintitrés años continuos de un comportamiento que siempre fue a peor. Era como si estuviera afanado en fortalecer sus fallos.

Pero eso se puede rastrear hasta su propia madre, que exhibía los mismos defectos. El más marcado era la falta de higiene. Recuerdo que debían alzarla del sillón y llevarla a la regadera donde la hacían bañarse, sino es que sus propios hijos la enjabonaban y enjuagaban como a un objeto. Luego la vestían con ropa limpia para finalmente devolverla al sillón, donde reanudaba su extensa charla sobre su enorme capacidad para "ser causa sobre el Universo MEST".

Y muchos de esos rasgos finalmente me alcanzan a mi. Me alimento bien, hago ejercicio, no fumo, no tomo (mis únicos vicios son el café negro y trasnochar) y procuro una higiene que a veces raya en lo escrupuloso, además de cierta obsesión por el orden (que he debido suprimir donde vivo actualmente). Pero también represento un lastre para otros: no soy capaz de salir a buscar empleo y los empleos que he tenido han sido esporádicos, jamás por pereza sino por pánico o falta de confianza. Como sea, el determinismo que supongo genético, se halla presente. A pesar de esto, mi novia suele decirme que le gustaría tener un hijo algún día. Yo solo pienso que eso sería propagar genes deficientes. La vida tan difícil que tendría ese pobre niño.

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