Como este tipo de eventos se dan poco en mi vida, los vivo al tope, al máximo de emociones. Como no estoy acostumbrado a este tipo de emociones, me afectan mucho. Como soy muy emocional, casi sentí ganas de llorar.
Parece que hay quienes están destinados a ser protagonistas en la vida y otros como yo, nacidos para vivir en las sombras, fuera de la vida, como fantasmas. A mí me toca observar desde mi exilio cómo soy despojado con la mayor facilidad de aquello que valoro.
Es increíble que lo que no logré en casi 2 años, lo consigue otro salido de la nada y en cosa de un mes. Aquello que no logré fue conquistar a una chica, cosa que sí logró otro a 2 meses de haberla conocido. O sea, me dieron baje. Y yo, todo este tiempo pensando que estaba forjando una relación con ella.
No estaba logrando nada.
Es la "química", el carisma, la afinidad, cosas de las cuales carezco y que no puedo desarrollar porque no dependen de mí. Así que siempre estaré en desventaja en este aspecto. Pero no es sólo eso. Creo que en el fondo yo sabía que esta chica no sentía lo mismo que yo por ella. Siempre la sentí como lejana, distante, como que me mantenía "a raya". Mi vínculo con ella no era tan sólido como pensé. Sin mayor problema me descartó, como si tuviera el poder de desvanecerme, borrarme de su existencia. Así, como si nada.
Creo que este fracaso se debe también a mi reticencia a hablar sobre aspectos superficiales de mi vida y mi persona. Sí, todos esos referentes externos: mis gustos, metas, inclinaciones, etc. Referencias que le hicieron falta para formarse un concepto tangible sobre mí. Mi carácter reservado y mi falta de atención a las cosas de este mundo no me ayudan mucho.
Ahora me vienen a la mente algunas pequeñas manifestaciones de crueldad de su parte. Se daban de esta forma: muchas veces, cuando yo le expresaba algo, como se dice, "con el corazón en la mano", ella simplemente manifestaba una ligera indiferencia, o reía burlonamente, o hacía algún comentario despectivo. Todas las emociones que ponía en mis palabras, para ella no eran más que exageración o cursilería, y no me tomaba en serio. Eso me parece un tanto cruel. Pero en ese entonces no lo percibía, y si lo hubiera visto no me habría importado. Mi pasión por ella me cegaba y no me permitía ver muchas cosas. Cuando uno se enamora hace muchas tonterías, cosas que usualmente no haría, porque se actúa desde las emociones y no desde la razón. El enamoramiento es como un trance. Se olvida uno de muchas cosas, descuida otras y su mente es gobernada por la persona amada.
Pero, nuevamente, como hace casi un año, mi alma ha sido restaurada al liberarse de la incertidumbre. Ella era algo así como un Talón de Aquiles, me vulneraba mucho. Ahora que me ha descartado, y tengo claro lo que siente por mí (nada), no puedo más que sentirme liberado. Se cerró un ciclo, y eso me permite seguir avanzando. Me siento traicionado, engañado, despojado y confundido, pero estas emociones serán disueltas en tanto me enfoque en ellas. Antes hubiera usado esta experiencia como justificante para encerrarme en mí mismo. Ahora veo que gracias a ella descubrí que aún tengo la capacidad de amar.
No voy a mencionar su nombre, pero le deseo lo mejor y merece vivir plenamente y ser feliz.
martes, 17 de noviembre de 2009
lunes, 2 de noviembre de 2009
De cara al abismo.
No podría describir la soledad de forma teórica, sino cuando se hace presente. Así que este es el momento para hablar de ella.
Es una sensación de recogimiento que surge del corazón y golpea la conciencia; ésta responde pensando en los elementos de los que podría hacer uso para afrontarla, dejar de sentirla, huir de ella. En esa búsqueda de elementos noto que tengo el ceño fruncido y una tensión que se extiende desde el pecho hasta el cuello. Es una molestia, una incomodidad; una ansiedad, una ligera angustia. Siempre que llega me pregunto, ¿de dónde proviene? ¿por qué nunca puedo dilucidar su origen? ¿Será endógena? ¿Será el silencio lo que la llama? ¿O será que realmente, a pesar de vanagloriarme de mi autosuficiencia, mi espíritu necesita y exige la cercanía de un alma amiga? ¿Y eso la disolvería?
La experimento como una pérdida de realidad, como si toda mi vida, anterior al tiempo presente, hubiera sido un sueño, tan irreal como el futuro. Así que escribo sobre ella, como esperando apresarla con palabras y encerrarla en ellas, con la esperanza de dejarla atrás y que mi vida se torne de nuevo tangible.
Siento cómo me constriñe. Pero no me mata, no es letal. Siempre sobrevivo a ella. Es como estar frente a un abismo al que nunca se cae.
Percibo cómo se opone la razón a este abismo. ¿De dónde surge y por qué? Por el momento no encuentro otro recurso para lidiar con este padecimiento mas que la razón. Si lo examino lo suficiente quizás descubra que encierra un Bien dentro de sí, que aún no soy capaz de ver. Quiero pensar que esta soledad no es vana, sino que tiene un sentido. Y si descubro que lo tiene, triunfaría sobre ella definitivamente.
¿Cómo se sentirá mi alma si la supero? ¿Cómo será mi vida interior entonces? Lo sabré cuando me rinda y trascienda al abismo.
Es una sensación de recogimiento que surge del corazón y golpea la conciencia; ésta responde pensando en los elementos de los que podría hacer uso para afrontarla, dejar de sentirla, huir de ella. En esa búsqueda de elementos noto que tengo el ceño fruncido y una tensión que se extiende desde el pecho hasta el cuello. Es una molestia, una incomodidad; una ansiedad, una ligera angustia. Siempre que llega me pregunto, ¿de dónde proviene? ¿por qué nunca puedo dilucidar su origen? ¿Será endógena? ¿Será el silencio lo que la llama? ¿O será que realmente, a pesar de vanagloriarme de mi autosuficiencia, mi espíritu necesita y exige la cercanía de un alma amiga? ¿Y eso la disolvería?
La experimento como una pérdida de realidad, como si toda mi vida, anterior al tiempo presente, hubiera sido un sueño, tan irreal como el futuro. Así que escribo sobre ella, como esperando apresarla con palabras y encerrarla en ellas, con la esperanza de dejarla atrás y que mi vida se torne de nuevo tangible.
Siento cómo me constriñe. Pero no me mata, no es letal. Siempre sobrevivo a ella. Es como estar frente a un abismo al que nunca se cae.
Percibo cómo se opone la razón a este abismo. ¿De dónde surge y por qué? Por el momento no encuentro otro recurso para lidiar con este padecimiento mas que la razón. Si lo examino lo suficiente quizás descubra que encierra un Bien dentro de sí, que aún no soy capaz de ver. Quiero pensar que esta soledad no es vana, sino que tiene un sentido. Y si descubro que lo tiene, triunfaría sobre ella definitivamente.
¿Cómo se sentirá mi alma si la supero? ¿Cómo será mi vida interior entonces? Lo sabré cuando me rinda y trascienda al abismo.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
¿Complicado Yo?
Una de mis intenciones al iniciar este blog fue aclarar mi mente y replantearme algunas situaciones para enfocarlas mejor, además de proveerme un medio de catarsis, protegido por el anonimato, ya que nadie está dispuesto a escuchar mis jeremiadas, ni yo a importunar a nadie con ellas, porque escribo para mí, pero quien quiera atormentar su alma con lo que escribo, es bienvenido. La diferencia es que unos escriben con fines creativos y yo lo hago para vertir las cosas como las siento en el momento, a veces crudamente, sin disfrazarlas para verlas tal cual son.
Lo digo porque recién he platicado con una amiga, cuya gracia y candidez son envidiables. Es un alma profunda, pero sencilla. Le mencioné sobre una actitud defensiva inveterada, de la cual no puedo desligarme, porque así me enseñé a vivir. Cité una frase de Juan Salvador Gaviota: "Tienes la libertad de ser tú mismo, aquí y ahora, y nada puede interponerse en tu camino", y concluimos que la solución a mi complejo estaba dada; solo tengo que ser yo mismo. Cualquiera podría hacerlo, menos yo, que vivo y pienso enmarañado.
Se dice que todo depende del cristal con que se mire. Pues su cristal es transparente y ve las cosas sin complicaciones; el mío es un vidrio martillado, sucio y roto que convierte lo simple en complejo. De ahí su dicha; de ahí mi desconcierto.
Pero no me conformo con eso, y ya planteado un punto, intento simplificarlo, según mi (escasa) inteligencia me lo permita; síntesis no es sinónimo de solución, pero sí un alivio. A falta de guía o estudios (la vida me obligó a ser auto-didacta) mis recursos intelectuales son escasos. Desconozco los principios de la Lógica, y me oriento por el sentido común, el cual es indefinible. Yo lo entiendo como presentarle una cuestión a la mente y que esta lo resuelva como le convenga y plazca, según sus propios medios. El asunto se pone divertido cuando la mente es caótica y contradictoria, y no pudiendo consigo misma, debe enfrentar lo que uno le formule o lo que la vida le ponga encima.
El resultado es una solución o respuesta que lo único que aporta es la magnificación del problema. O sea que tanto "sentido común" no sirvió para nada. Una jaula de monos inquietos jamás podrán erigir una civilización, pero entretanto se la viven de lujo... o dándose de topes, angustiados e irresolutos, listos para un grupo de Neuróticos Anónimos.
A pesar de todo no me doy por vencido, y sé que tarde o temprano alcanzaré ese estado mental de sencillez, y todas estas contiendas internas (quiero creer) habrán valido la pena.
Pero insisto, siempre trato de simplificar las cosas... ¿o no?
Lo digo porque recién he platicado con una amiga, cuya gracia y candidez son envidiables. Es un alma profunda, pero sencilla. Le mencioné sobre una actitud defensiva inveterada, de la cual no puedo desligarme, porque así me enseñé a vivir. Cité una frase de Juan Salvador Gaviota: "Tienes la libertad de ser tú mismo, aquí y ahora, y nada puede interponerse en tu camino", y concluimos que la solución a mi complejo estaba dada; solo tengo que ser yo mismo. Cualquiera podría hacerlo, menos yo, que vivo y pienso enmarañado.
Se dice que todo depende del cristal con que se mire. Pues su cristal es transparente y ve las cosas sin complicaciones; el mío es un vidrio martillado, sucio y roto que convierte lo simple en complejo. De ahí su dicha; de ahí mi desconcierto.
Pero no me conformo con eso, y ya planteado un punto, intento simplificarlo, según mi (escasa) inteligencia me lo permita; síntesis no es sinónimo de solución, pero sí un alivio. A falta de guía o estudios (la vida me obligó a ser auto-didacta) mis recursos intelectuales son escasos. Desconozco los principios de la Lógica, y me oriento por el sentido común, el cual es indefinible. Yo lo entiendo como presentarle una cuestión a la mente y que esta lo resuelva como le convenga y plazca, según sus propios medios. El asunto se pone divertido cuando la mente es caótica y contradictoria, y no pudiendo consigo misma, debe enfrentar lo que uno le formule o lo que la vida le ponga encima.
El resultado es una solución o respuesta que lo único que aporta es la magnificación del problema. O sea que tanto "sentido común" no sirvió para nada. Una jaula de monos inquietos jamás podrán erigir una civilización, pero entretanto se la viven de lujo... o dándose de topes, angustiados e irresolutos, listos para un grupo de Neuróticos Anónimos.
A pesar de todo no me doy por vencido, y sé que tarde o temprano alcanzaré ese estado mental de sencillez, y todas estas contiendas internas (quiero creer) habrán valido la pena.
Pero insisto, siempre trato de simplificar las cosas... ¿o no?
domingo, 26 de julio de 2009
Tiempo no vivido.
"No soy un completo inútil... por lo menos sirvo de mal ejemplo".
Albert Einstein.
Albert Einstein.
No puedo decir que estos últimos 6 meses han sido malos. La vida es muy generosa, tanto que dejo de valorar y percibir lo que me otorga a diario. Tampoco me propuse considerar el tiempo perdido. Desperté con esa idea en mente.
Yo no me preocupaba por el tiempo, pero siento que éste corre cada vez más rápido, sin misericordia. 6 meses vividos en la inconsciencia. ¿Dónde he estado yo? Temo sondear en ello. Pero soy capaz de predecir cómo me sentiré a fín de año: arrepentido y enfadado conmigo mismo por ceder a la desidia y al exceso de confianza. Parecería muy pronto para reflexionar al respecto, pero dada la fugacidad del tiempo, cuando menos cuenta me dé, este año habrá terminado. Y me encontraré invadido por sentimientos nostálgicos y listo para desperdiciar el siguiente, inmerso en el mismo patrón de comportamiento, repitiendo las mismas conductas aprendidas, tan cómodas y estériles, asesinas del tiempo.
Esta vez no tengo pretexto que justifique mi indolencia. Es muy cómodo culpar al entorno. Pero acepto que no he sido tan determinado como debería, porque aborrezco la idea de "abrirme camino" y porque no aspiro a mucho. Lo vital no me hace falta; lo demás es sólo ornamental. Ya ni siquiera le veo sentido, por ejemplo, al uso de un blog, porque es innecesario. ¿Qué necesidad tengo de expresarme, o de ser tomado en cuenta? Ninguna.
Aún tengo presente las promesas que me hice a principios de año: dejarme de complacencias y ponerme a prueba, atreverme a hacer lo que nunca he hecho, y ser completamente opuesto a lo que he sido. Sólo que no medité en el móvil de estos propósitos y ahora me parecen vanos. Pero entonces, ¿cómo evitar el arrepentimiento que me espera cuando este año termine? ¿De qué paliativo haré uso entonces? Tal es mi condición actual, de impotencia ante un estado desértico.
¿Consideraciones derrotistas? Puede ser. Pero acordes con el título de este agonizante blog.
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