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domingo, 17 de septiembre de 2017

Ocaso.

Llevo arrastrando una especie de agotamiento crónico desde hace un año o más. Quien observara mi cuadro concluiría que soy perezoso. ¿Cómo podría disuadir a ese hipotético observador de tal conclusión? La distinción entre pereza y agotamiento es sencilla. El perezoso tiene energía disponible, pero no le apetece aplicarla. El agotado reposa esperando reponerse de un esfuerzo previo. El agotamiento tiene una causa externa. La pereza es placer derivado de la inacción.

Lo peculiar de este agotamiento es que se prolonga demasiado en relación al esfuerzo realizado. Lo que hago es poco, pero rutinario y arduo. Considero que tardo en recuperarme. Me siento cansado todo el tiempo. Solía atribuirlo al calzado pero no importa qué par de tenis use, me canso igual al caminar. Aunque me procure un par de días de inactividad, no me siento restaurado, no al cien por ciento.

No me engaño con respecto a la edad como factor clave. Aún recuerdo los paseos maratónicos en solitario de hace diez o cinco años. Bien podría repetirlos o volver a ellos pero, ¿cuánto tiempo me tomará reponerme? Pienso que es inútil combatir la vejez, oponerse a ella como si eso la postergara. Apuesto por la adaptación: aceptar que mis capacidades irán a menos y ajustar mis esfuerzos al inevitable deterioro.


lunes, 15 de octubre de 2012

El adversario.

"Ninfas y sátiro". William-Adolphe Bouguereau.
Cualquier necesidad no satisfecha se convierte en una carga, algo que estorba. No se puede reprimir así que se debe regular. Y me sorprende que esto último no me ha costado trabajo durante diez días.

Es imposible suprimir un impulso básico como comer o respirar. Sin alimento u oxígeno el cuerpo muere (obvio). Hay otros impulsos cuya insatisfacción solo producen una aguda ansiedad y ocasionalmente, frustración. Pero se puede prescindir de ellos y el cuerpo sobrevive.

No es que haya renunciado del todo a ese aspecto. Pero por mientras es mejor descartarlo para evitar el conflicto que causa. Porque es incómodo aspirar a algo que por el momento no es factible.

"Suprimir el deseo equivale a suprimir el sufrimiento". Parece que también tiene aplicación en lo físico.

lunes, 27 de agosto de 2012

Lunes gris.

Comenzó el día de un modo extraño. Se me espantó el sueño a las seis de la mañana. Me levanté media hora después con un poco de hambre. Había un pan en la bolsa, preparé un café y eso fue mi desayuno. Entretanto me conecté a Facebook y redacté algunos mensajes. Uno de condolencias a un amigo por el fallecimiento de su padre. En cualquier circunstancia jamás sé qué decir y mucho menos ante la muerte así que recurrí a un par de frases que no son de mi autoría,
"No te dejes abatir por las despedidas. Son indispensables como preparación para el reencuentro. Y es seguro que los amigos se reencontrarán después de algunos momentos o de todo un ciclo vital". Richard Bach. 
"La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente". François Mauriac.
y le reiteré mi apoyo y amistad.

El segundo fue dedicado a "S", quien ha decidido que soy casi el amor de su vida aunque no me conoce en persona. Platicamos muchísimo desde el año pasado, y si pasa un día en que no dialoguemos comienza a elucubrar. "Ese cabr*n me oculta algo" escribió en Twitter respecto a mi ausencia digital la semana pasada. Me gusta conversar pero no demasiado, y a veces me fastidio. Cuando eso ocurre prefiero ausentarme y despejar mi mente. Pero no puedo evitar sentirme obligado a darle cuenta de mi ausencia, como para tranquilizarla y así deje de esgrimir quejas, ofensas e indirectas. Sus sospechas no me interesan.

Tiene muchos detalles conmigo pero siento que son un modo de estrecharme y no una muestra sincera de aprecio. No puedo ser cruel y decirle que no es mi tipo. Prefiero esperar a que se canse o dejar entrever sutilmente que disfruto mi soledad, aunque esto no sea del todo cierto.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Saltar al vacío.

Últimamente no me ha sido tan difícil abrirme con personas que apenas conozco. Pero no bajo la guardia. He aprendido a vivir a la defensiva y me conservo así incluso ante quienes, después de haber sopesado, han resultado sinceros.

Se dice que hay que ser en extremo receloso con lo que en este medio decimos sobre nosotros. Tenemos que acorazarnos tras un «nick» que sugiera poco o nada sobre lo que somos y debemos ser reservados con nuestros datos personales. Lo cual a su vez, nos aísla.

Y sin embargo, si fuésemos del todo honestos, nos pondríamos en peligro y no necesariamente físico. Confesar alguna vulnerabilidad nos expone a ataques emocionales, malogrando nuestro ejercicio de sinceridad y confirmando que «ser uno mismo» es imposible y ni siquiera debe intentarse.

Entonces nos volvemos selectivos. Escogemos algunos fragmentos de nosotros, los menos valiosos, y los ofrecemos con indiferencia, porque no dicen mucho, y esperamos que quien los recibe se conforme con eso. Pero, ¿qué pasa cuando la otra persona es abierta? ¿no nos compromete eso a serlo también?

Porque siempre que alguien tiene intención de conocerme, se sincera como para demostrar que no es peligroso y porque espera la misma actitud a cambio. El triunfo de la comunicación es que dos personas permitan conocerse mutuamente, a fondo. Pero eso también las estrecha, las hace amigas. Y eso atenta contra su individualidad.

No sé si valga la pena el riesgo.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Una vida patética.

Ya es Miércoles 19 de Octubre, casi cuatro de la mañana. El tiempo pasa volando, pero no se lleva consigo la desazón.

Una semana difícil. Nuevamente, he decepcionado a mi otrora musa. Me insinuó una invitación a tomar un café para charlar porque se sentía muy mal. Aunque conversamos hasta la madrugada por Messenger, no es lo que ella quería. Por más que lo intento, no puedo dejar de quererla. Pero no soy capaz de demostrarlo como ella esperaría (sí, prometí dejarla en paz, y suspendí comunicación con ella. Pero una noche, simplemente ya estábamos charlando como antes, y admito que sentí mi alma restaurada).

Otra curiosidad. De la nada, una persona con quien jamás imaginé entablar amistad (o quizá algo más) me da visos de aprobación. Me sorprendió muchísimo. Lo hubiese esperado de algunas personas excepto de ella. Por el momento estamos «rompiendo el hielo» poco a poco. Esto debería ser motivo de alegría. Pero todo es una ilusión que sólo traerá consigo un saldo negativo. No pasará del flirteo y se aburrirá de que no se concreta porque yo no hago nada. Se aburrirá y alejará, frustrada por haber perdido su tiempo.

¿Cómo explicarle los estragos de la soledad a una persona común, para quien flirtear y conocer personas son elementos intrínsecos a su vida? ¿Cómo hacerle ver que existen vidas en las que el factor básico es ser un cero a la izquierda, y que es prácticamente imposible romper con eso? He de decir a mi favor que al menos he sido amable, discreto y respetuoso. Pero tal vez ella quisiera ir más allá, y es a lo que le temo. Lo sé. Tarde o temprano se decepcionará, pero estoy pensando en cómo decepcionarla pronto, antes de que esto (que no sé si es amistad o flirteo) avance más.

A veces me parece aberrante estar rodeado de gente tan valiosa. Yo, un hombre irrelevante, he sido afortunado al conocer a esas personas. Siempre trato de darles lo mejor de mi (lo poco que hay), no con intención de ganarme su aprecio o quedar bien con ellos, sino con la intención de devolverles algo de lo que me han dado. Como me gustaría retribuirles más, y ser para ellos lo que esperaban. Pero soy un ser humano insuficiente, antisocial, insensible, torpe, pobre de espíritu. ¿Qué derecho tengo yo de involucrarme con ellas?

Suficiente por hoy. Me siento agotado y falto de concentración. Necesito descansar para lo que pudiera ocurrir mañana. 

Veamos con qué me sorprende la vida.


viernes, 12 de agosto de 2011

Crónica de una preocupación vana.

— Jueves, 4 de Agosto del 2011.

Estoy inquieto. La Señorita «Y» se encuentra en Ciudad Juarez por negocios. Hace más de un mes me dijo que pensaba irse a vivir fuera de la Ciudad... lejos. Sus planes cambiaron y decidió quedarse, pero sí realizaría ese viaje a Ciudad Juarez. Le dije que se mantuviera en comunicación constante, escribiendo en Facebook (por fin le encuentro sentido real a las redes sociales) a través de su Blackberry. Salió ayer a las 4 de la mañana.

Y de nuevo, me he quedado sin Internet. Me frustra la fragilidad de la comunicación. Que el espectro de nuestro vínculo se reduzca a algo llamado «sitio web» y que éste no me sea accesible, me hace sentir estúpido. Mi preocupación se veía reducida al accesar a su muro y ver sus comentarios. Todavía en la tarde alcancé a ver un par de fotos de su viaje. No me queda mas que limitarme a la expectativa: espero que todo resulte bien y regrese pronto.

Afortunadamente no va sola, pero se me antojaban ideas quizá un tanto ilusas. Se me ocurrió intentar persuadirla a que desistiera de hacer ese viaje. Otra idea, más realista, la de ir con ella. Ambas quedaron en fantasías que ya no vienen al caso. El presente es lo importante. Y no puedo evitar pensar en los peligros reales a los que se ha expuesto al viajar allá. Peligros que nos rebasan, que no podemos enfrentar con razonamientos.

Ciudad Juarez es considerada una de las ciudades más peligrosas del mundo. Ubicada en la frontera México/Estados Unidos, es la línea de guerra entre narcotraficantes. Todo tipo de crímenes se dan ahí. Secuestros, asesinatos, gente que desaparece. Tiene el índice más alto de feminicidios, alrededor de 4000. Las «autoridades» no enfrentan el problema. Por el contrario, son pasivas o peor aún, partícipes de lo que ahí ocurre. Un asalto común es lo de menos.

Ella se encuentra allá y yo no puedo hacer nada. Y aún si estuviera con ella... ¿qué podría hacer yo en caso de que alguna adversidad nos alcanzara? Ningún razonamiento penetra en un ser sin conciencia ni alma; en cambio un ser pensante es completamente vulnerable ante una persona cuyo poder reside en un arma. Eso destruye la idea romántica de que uno tiene control sobre su vida. La realidad es que mucho no depende de nosotros, menos en este país donde la inconsciencia manda.

Es vano angustiarse con ideas inservibles. Mañana me comunicaré por ella por teléfono. Y sólo resta esperar, con calma y paciencia, su regreso. Es todo lo que tengo.

PD: aunque no tengo conexión a Internet estoy sentado frente a la computadora, escuchando algunos audios de un programa nocturno sobre «conciencia» que solía escuchar. No está mal para despejar la mente un poco.

— Viernes, 5 de Agosto del 2011.

Mi mayor preocupación es la incomunicación en que me encuentro. Se me hizo un poco desesperante, así que en la tarde me vestí y decidí salir a caminar. Me hacía falta estirar las piernas un poco. Aproveché para recorrer esas calles que tanto me gustan y depositar saldo a mi número. No lo suficiente para hacer una llamada, pero si para enviar constantes mensajes cortos a la Señorita «Y» en lo que vuelvo a tener Internet.

La quiero mucho, la extraño. Espero que lea el par de mensajes que le he enviado y pueda responderme, aunque sea con un mensaje corto; solo eso y me sentiré tranquilo. Me preocupa no saber de ella...


— Lunes, 8 de Agosto del 2011.

Parte 1.

En verdad que estar incomunicado produce una sensación de aislamiento. No me había dado cuenta de la influencia de los medios electrónicos en mi psique. De repente me había servido de este medio para llenar muchos huecos, incluso percibo un grado de adicción. Tengo ya la necesidad de estar enterado de todo un poco, de recibir cierta dosis de información, de saber qué hacen mis amigos o personas por las que siento cariño.

No me gustan los establecimientos públicos de Internet. Además de que me parecen inseguros, no hay intimidad. Aborrezco el ojo ajeno, intrusivo con los asuntos que no le conciernen. Pero creo que mi necesidad de saber de la señorita «Y» (que no ha respondido mis mensajes de teléfono) me obligará a pisar uno de esos locales. Como la desesperación que me sacó de casa el Viernes pasado a depositar crédito en mi teléfono.

Pero es la 1 AM. Creo que es momento de descansar y dejar de pensar tanto. Mis pensamientos en nada ayudan a «Y», ni a mi.

Parte 2.

9:40 PM. Siempre he sido fatalista... al menos desde que descubrí el aspecto crudo de la vida. Ahora vivo con temor a las sorpresas negativas. Ya me ha sucedido varias veces que, cuando bajo la guardia y comienzo a disfrutar de las cosas, la vida me sorprende con algún hecho desagradable. Pero también me ha pasado lo contrario. Cuando predigo lo peor, todo resulta inesperadamente bien.

La incertidumbre es tierra fértil para el negativismo. Cuando no sé sobre alguien comienzo a tener un «mal presentimiento». Desde que no tengo noticias de la Señorita «Y», me invaden pensamientos trágicos. Cuando logre comunicarme con ella, y me informe del éxito en sus planes, me alegraré de poder reprenderla a modo de juego por no reportarse conmigo y de saber que todas mis preocupaciones fueron vanas.

Tengo otros problemas encima, pero no son nada comparados con la inquietud que me produce su bienestar.


— Miércoles, 10 de Agosto del 2011.

Es oficial: tengo una incapacidad extraordinaria para aplazar soluciones. 8 días sin Internet. La ansiedad de estar «desconectado» comienza a ser más llevadera. Será la costumbre de aceptar contrarios. O esa manía de aceptar pasivamente condiciones que me molestan.

Ocho mensajes y ninguna respuesta... eso sí me preocupa. E inmerso en un período aciago que me impide pagar una simple llamada. Soluciones que no se generan ni para los problemas más sencillos. El destino de un hombre que piensa mucho y actúa poco.

Releyendo algunas viejas conversaciones para compensar su ausencia y el no saber de ella. Hace años, en momentos de gran desesperación, al punto de sentirme abandonado, sentí la tentación de orar. Esa declaración de impotencia total, recurso del que ha llegado a su límite.

Hoy tengo una sensación similar. En mi interior surge un pequeño ruego hacia ti: señorita «Y», ojalá te comunicaras conmigo. Un mensaje breve cuando menos. Un simple «Hola, estoy bien» bastaría. Tres palabras que colocarían todo en su lugar. No pido más.

Entretanto, paciencia. Esa insípida paciencia.

— Viernes, 12 de Agosto del 2011.

Ya tengo Internet. Ella regresó a casa el Sábado 6 de Agosto en la noche. Todos los mensajes que le envié se perdieron en el limbo de su chip en desuso. No quiso proporcionarme su nuevo número. Tampoco me envió un mensaje por ningún medio para informarme de su regreso.

Su viaje fue todo un éxito.

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