Es costumbre inalterable acompañar a mi novia cada día a tomar el camión. Para regresar debo recorrer un largo camellón que por su abundancia de pasto y árboles se antoja un paseo. Reconozco que tiene algo de bello, pero sólo intelectualmente. Es tortuoso el regreso porque siento que los demás paseantes perciben claramente mi fracaso. Los imagino especulando por qué siempre cruzo el camellón a la misma hora, por qué no subo al camión con mi novia, por qué se me ve siempre vestido igual. El peso del fracaso, de la incapacidad de lograr algo, es agobiante. La “milla verde” de la vergüenza, de ida y vuelta cada día.
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martes, 7 de noviembre de 2017
La ruta vergonzante.
Es costumbre inalterable acompañar a mi novia cada día a tomar el camión. Para regresar debo recorrer un largo camellón que por su abundancia de pasto y árboles se antoja un paseo. Reconozco que tiene algo de bello, pero sólo intelectualmente. Es tortuoso el regreso porque siento que los demás paseantes perciben claramente mi fracaso. Los imagino especulando por qué siempre cruzo el camellón a la misma hora, por qué no subo al camión con mi novia, por qué se me ve siempre vestido igual. El peso del fracaso, de la incapacidad de lograr algo, es agobiante. La “milla verde” de la vergüenza, de ida y vuelta cada día.sábado, 30 de septiembre de 2017
La condena de vivir.
Por años he intentado ajustarme a la filosofía de la aceptación: reconocer las circunstancias y adaptarme a ellas, con base en la noción de que el mundo jamás va a adecuarse a mi subjetivo pensar, puesto que tiene sus reglas. Que es pura necedad desear que los eventos sean distintos o que ocurran determinadas cosas.
“¿Qué quieres que suceda?” es una pregunta que me molesta porque supone una inexistente capacidad de modificar los hechos a nuestro antojo. Cuando escucho, leo o alguien me dirige esa pregunta, pienso que quien la formula no tiene los pies en la tierra. Imagino a ese alguien echando una mirada altiva al mundo, como se mira una caja de chocolates de la cual se puede elegir cualquiera, sin impedimentos. Qué sentiría un hombre confinado a una silla de ruedas si se le preguntara qué tan alto quiere saltar. La pregunta es hiriente y ofensiva.
Pero a veces despierto en un estado de absoluto rechazo e inconformidad con relación a mi vida. Y en ese estado aparecen con dolorosa lucidez todos mis malestares listados: incapacidad de desenvolvimiento, de salir adelante. Desastre económico y por ende, rezago. Fracaso profesional, poco desarrollo, sin oficio ni habilidades. Indefensión aprendida, angustia constante, ataques de pánico. Las consecuencias de no tener control de mi vida: dependencia de otros, predisposición a humillaciones de cualquiera, terminar relacionado con gente poco afín.
Evocar todo así de golpe me produce impacto. No hay un aspecto de mi vida que pueda decir ha resultado bien. Economía, desarrollo personal, estatus social… nada. No fumo, no bebo alcohol, hago ejercicio, procuro leer con regularidad. Sin embargo estoy echado a perder. Puedo parecer normal de repente, pero basta observarme con tiempo para notar lo mal que funciono.
Entonces aparece en mi mente, con gran claridad, la pregunta: ¿qué sentido tiene una vida así? Porque aún la puedo racionalizar mediante esa filosofía de aceptación. Pero a esas alturas esa filosofía se me antoja enfermizo auto-engaño. Un horror intelectual, un monstruo de Frankenstein para justificar la existencia de alguien que simula estar vivo pero es mero pastiche de cosas muertas.
Luego llega a mi mente este pensamiento: “No puedes seguir viviendo así, libérate. Tienes derecho a ser feliz, a ser libre”. Y me sobrecojo al descubrir que sólo siento paz mientras duermo. La inconsciencia que ofrece el sueño es un regalo, para descansar de estar vivo.
¿Y qué estado definitivo ofrece mayor recompensa que el temporal sueño?
Vivir se ha convertido en una experiencia humillante.
Un día de estos voy a mandar todo al diablo.
“¿Qué quieres que suceda?” es una pregunta que me molesta porque supone una inexistente capacidad de modificar los hechos a nuestro antojo. Cuando escucho, leo o alguien me dirige esa pregunta, pienso que quien la formula no tiene los pies en la tierra. Imagino a ese alguien echando una mirada altiva al mundo, como se mira una caja de chocolates de la cual se puede elegir cualquiera, sin impedimentos. Qué sentiría un hombre confinado a una silla de ruedas si se le preguntara qué tan alto quiere saltar. La pregunta es hiriente y ofensiva.
Pero a veces despierto en un estado de absoluto rechazo e inconformidad con relación a mi vida. Y en ese estado aparecen con dolorosa lucidez todos mis malestares listados: incapacidad de desenvolvimiento, de salir adelante. Desastre económico y por ende, rezago. Fracaso profesional, poco desarrollo, sin oficio ni habilidades. Indefensión aprendida, angustia constante, ataques de pánico. Las consecuencias de no tener control de mi vida: dependencia de otros, predisposición a humillaciones de cualquiera, terminar relacionado con gente poco afín.
Evocar todo así de golpe me produce impacto. No hay un aspecto de mi vida que pueda decir ha resultado bien. Economía, desarrollo personal, estatus social… nada. No fumo, no bebo alcohol, hago ejercicio, procuro leer con regularidad. Sin embargo estoy echado a perder. Puedo parecer normal de repente, pero basta observarme con tiempo para notar lo mal que funciono.
Entonces aparece en mi mente, con gran claridad, la pregunta: ¿qué sentido tiene una vida así? Porque aún la puedo racionalizar mediante esa filosofía de aceptación. Pero a esas alturas esa filosofía se me antoja enfermizo auto-engaño. Un horror intelectual, un monstruo de Frankenstein para justificar la existencia de alguien que simula estar vivo pero es mero pastiche de cosas muertas.
Luego llega a mi mente este pensamiento: “No puedes seguir viviendo así, libérate. Tienes derecho a ser feliz, a ser libre”. Y me sobrecojo al descubrir que sólo siento paz mientras duermo. La inconsciencia que ofrece el sueño es un regalo, para descansar de estar vivo.
¿Y qué estado definitivo ofrece mayor recompensa que el temporal sueño?
Vivir se ha convertido en una experiencia humillante.
Un día de estos voy a mandar todo al diablo.
sábado, 16 de septiembre de 2017
Cautivos.
Tengo fobia social. La esencia de dicha fobia, en mi caso particular y según mis introspecciones es miedo a la confrontación, miedo al enfrentamiento (obviamente no físico sino verbal). Sería feliz si lo superara, no porque entonces andaría buscando altercados por ahí, sino por que si fuese necesario lo haría sin problema. Tengo presentes todas las ocasiones, anteriores y actuales que habrían sido tan diferentes de ser resuelto o arrojado. Estoy seguro que gran parte de una vida feliz se fundamenta en el aplomo.
En un foro de fobia social un usuario apuntaba que su comportamiento es como el de un robot. Es increíble el daño que esta fobia puede causar: repercute incluso en el lenguaje corporal y el tono de voz. Suponiendo que el usuario que se describe así sea joven, hace más triste su testimonio. Que la fobia social malogre tan pronto una vida resulta trágico. Ese joven se perderá de tantas cosas y lo peor es que es consciente de ello. Si algo contabiliza con pesar un socio fóbico son todas esas experiencias omitidas. Poco importa si acaso más tarde las circunstancias ofrecen algo en “compensación”. Lo que se pierde no se recupera jamás.
Los que padecemos fobia social anhelamos la construcción de ese aplomo que no tenemos. Pero actualmente no existe técnica o tratamiento al alcance y si lo hubiera, no nos sería accesible, por cuestiones económicas (los ingresos de un socio fóbico suelen ser escasos, debido a sus obvias deficiencias). Imaginar una posibilidad que no existe es como estar de pie frente a un acantilado y soñar con que algún día habrá ahí un puente que podríamos o no cruzar.
En verdad, que vida más miserable la nuestra.
En un foro de fobia social un usuario apuntaba que su comportamiento es como el de un robot. Es increíble el daño que esta fobia puede causar: repercute incluso en el lenguaje corporal y el tono de voz. Suponiendo que el usuario que se describe así sea joven, hace más triste su testimonio. Que la fobia social malogre tan pronto una vida resulta trágico. Ese joven se perderá de tantas cosas y lo peor es que es consciente de ello. Si algo contabiliza con pesar un socio fóbico son todas esas experiencias omitidas. Poco importa si acaso más tarde las circunstancias ofrecen algo en “compensación”. Lo que se pierde no se recupera jamás.
Los que padecemos fobia social anhelamos la construcción de ese aplomo que no tenemos. Pero actualmente no existe técnica o tratamiento al alcance y si lo hubiera, no nos sería accesible, por cuestiones económicas (los ingresos de un socio fóbico suelen ser escasos, debido a sus obvias deficiencias). Imaginar una posibilidad que no existe es como estar de pie frente a un acantilado y soñar con que algún día habrá ahí un puente que podríamos o no cruzar.
En verdad, que vida más miserable la nuestra.
lunes, 2 de mayo de 2016
La vida como trastorno.
He tenido tiempo de sobra para cualquier cosa, excepto escribir.
Durante estos meses estuve haciendo de peón irregular para un modesto local junto con 'S'. La paga, miserable, acorde al tipo de empleo. Quiero pensar que lustró un poco a los ojos de la gente mi casi extinta faceta de 'hombre trabajador'. Ningún plan de vida más allá de eso.
Como no hay bomba de agua que suministre al departamento de 'S' y sus vecinos de arriba, asumí la tarea de acarrear agua desde la cisterna para ambos. Según esto limpia mi conciencia y compensa la percepción (propia y ajena) de ser un parásito. Mi presunta aportación, mi acción noble y desprendida.
A estas alturas tengo más 'trato' (saludar en cada encuentro) con los vecinos de 'S' que los de mi propio entorno. Me siento inferior a cualquiera de ellos sin importar lo humilde de su oficio. Me traen a la mente mi inutilidad.
Durante un mes no puse un pie en casa. En semejantes abandonos comienzo a imaginar que al llegar hallaré a mi gatita muerta de inanición o a mi padre ya inerte de vejez y mala alimentación... ambos en oscuridad. Es que el asunto de la luz (carecemos de ella desde Octubre) parece inmutable. Refleja perfecto lo bien que nos hemos habituado a vivir mal.
Cumplí 37 años en Abril. Traté de ser indolente a tal fecha pero igual le dio fuerza a la perenne sensación de vivir en el fracaso. Más me golpeó el entusiasmo de 'S' por celebrarme. El abrazo, el pastel, el regalo, los detalles, todo me hizo sentir como basura.
Durante estos meses estuve haciendo de peón irregular para un modesto local junto con 'S'. La paga, miserable, acorde al tipo de empleo. Quiero pensar que lustró un poco a los ojos de la gente mi casi extinta faceta de 'hombre trabajador'. Ningún plan de vida más allá de eso.
Como no hay bomba de agua que suministre al departamento de 'S' y sus vecinos de arriba, asumí la tarea de acarrear agua desde la cisterna para ambos. Según esto limpia mi conciencia y compensa la percepción (propia y ajena) de ser un parásito. Mi presunta aportación, mi acción noble y desprendida.
A estas alturas tengo más 'trato' (saludar en cada encuentro) con los vecinos de 'S' que los de mi propio entorno. Me siento inferior a cualquiera de ellos sin importar lo humilde de su oficio. Me traen a la mente mi inutilidad.
Durante un mes no puse un pie en casa. En semejantes abandonos comienzo a imaginar que al llegar hallaré a mi gatita muerta de inanición o a mi padre ya inerte de vejez y mala alimentación... ambos en oscuridad. Es que el asunto de la luz (carecemos de ella desde Octubre) parece inmutable. Refleja perfecto lo bien que nos hemos habituado a vivir mal.
Cumplí 37 años en Abril. Traté de ser indolente a tal fecha pero igual le dio fuerza a la perenne sensación de vivir en el fracaso. Más me golpeó el entusiasmo de 'S' por celebrarme. El abrazo, el pastel, el regalo, los detalles, todo me hizo sentir como basura.
sábado, 1 de septiembre de 2012
De mi ex aprendí...
A no volver a involucrarme con nadie si quiero conservar mi salud emocional, mi libertad y paz interior.A revalorar mi soledad e independencia.
A no abandonarme y seguir andando con el alma hecha pedazos.
A ser prudente y desconfiado, y a mirar con sospecha las muestras de afecto.
A restringir mi apego a lo que dependa de mi y no me vuelva vulnerable.
A cultivar un estado de sana indiferencia.
Lo falso, frágil e inestable que puede llegar a ser un vínculo emocional.
Que fallé al otorgarle el poder de hacerme sentir el más dichoso o el más miserable.
Que el alma es resiliente y aunque se desquebraje, puede reconstruirse poco a poco del golpe más brutal.
lunes, 13 de agosto de 2012
Bright lights, big city.
¿Has visto esa película que se llama "Bright lights, big city"? Es con Michael J. Fox, el protagonista de Volver al Futuro. Lo que actualmente me agobia me hizo darle una valoración más honda. Me sentí muy reflejado. Llegué a pensar "ese soy yo".
El mismo semblante desfigurado, la misma actitud huraña. Un hombre perdido, solo. Rodeado de gente insensible y hueca.
Cómo me identifico con el personaje y su situación (no totalmente pues él consume drogas para aminorar el dolor; yo escribo estas idioteces). Plantea muy bien esa esa situación de ser abandonado sin explicación alguna y los estragos que causa en el alma.
Más vale no encariñarse ni crear vínculos emocionales con nadie, aunque a veces simplemente sucede. Olvidas tu individualidad, comienzas a depender de esa persona y pierdes tu libertad porque todo lo que esa persona haga te afecta sobremanera. Te sientes morir si no sabes de ella.
Su indiferencia te devasta.
El mismo semblante desfigurado, la misma actitud huraña. Un hombre perdido, solo. Rodeado de gente insensible y hueca.
Cómo me identifico con el personaje y su situación (no totalmente pues él consume drogas para aminorar el dolor; yo escribo estas idioteces). Plantea muy bien esa esa situación de ser abandonado sin explicación alguna y los estragos que causa en el alma.
Más vale no encariñarse ni crear vínculos emocionales con nadie, aunque a veces simplemente sucede. Olvidas tu individualidad, comienzas a depender de esa persona y pierdes tu libertad porque todo lo que esa persona haga te afecta sobremanera. Te sientes morir si no sabes de ella.
Su indiferencia te devasta.

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