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viernes, 14 de enero de 2022

Con calma.

La vida siempre te va a sorprender, aunque seas consciente de lo cambiante que puede llegar a ser.

Un día todo transcurre relativamente bien y al siguiente ya tienes dos adversidades encima. Llegaron de repente.

Sabes que tu primera reacción debería ser de calma pero es demasiado tarde. Sin darte cuenta ya depositaste las reacciones emocionales de siempre.

Te sientes tonto y avergonzado de ti mismo. Qué fácil te puede doblegar la vida con un par de jugadas.

Queda intentar lo recomendado por los sabios: un problema a la vez. Te ocupas primero del más prioritario y el otro lo pospones.

Luego, practicar la mentalidad neutral. No arrojar leña (emociones de más) al fuego (las dificultades).

Ante la siguiente oleada de problemas reaccionarás igual, pero la mente neutral operará más pronto. Gradualmente acudirá casi de inmediato, reduciendo el gasto emocional.

Se trata de reducir el brote de emociones entre la adversidad y la calma.

jueves, 8 de octubre de 2020

Último esfuerzo.

Mi nuevo abogado es resuelto y determinado, como un T-1000. Le calculo entre la transición de los veinte a los treinta, joven con sed de justicia, sin rastro de apatía. Cuando tengo trato con gente tan dinámica resiento más mi desgano y supongo que las personas experimentan lo mismo pero a la inversa: les agobia mi abulia. 

Estos últimos tres meses han sido (al menos para mi) desbocados. En una semana tuve dos audiencias y de no ser por los ansiolíticos no habría estado a la altura. A fin de cuentas qué es acudir a un juzgado. Un juzgado es un puñado de gente que atiende y realiza trámites, mortales que padecen la vida como cualquiera.

La inmersión en entornos nuevos siempre me parecerá amenazante, aún después de un tiempo en que una persona normal se familiarizaría con ellos. La parte del proceso en que me encuentro ya no es contenciosa sino meramente burocrática. ¿Por qué siento esa contracción en la boca del estómago ante situaciones mucho menos adversas?

A estas alturas ya tendría que haber desarrollado cierta adaptación pero ante lo que debería serme rutinario sigo reaccionando igual o peor: angustia, temor, etc. De repente entro en un ánimo más favorable en que me siento casi imperturbable pero suele durar muy poco. Impera el pavor ante la siguiente audiencia, la llamada del abogado, etc.

No quiero aventurarme pero si las cosas resultan favorables, antes que termine el año o a inicios del entrante, recuperaré mi departamento, sitio del que ya me siento emocionalmente desvinculado. Pero aún guardo cierto temor de que las emociones me traicionen y me gane un llanto incontrolable una vez que vuelva a poner un pie en ese lugar.

No puedo acobardarme ahora. Si la mayoría del proceso lo viví con miedo, y a pesar de este me atreví a actuar, si los ataques de pánico no me detuvieron y ya pasé por la fase más difícil, debería acopiar un poco más de entereza. Se lo debo a mi madre y en parte a mi hermano. A mi gatita. A mi novia que tanto me ha apoyado.

lunes, 17 de agosto de 2020

5 mg.

He de confesar algo que posiblemente merece la censura porque es una imprudencia de mi parte, aunque en mi favor debo decir que la desesperación me movió a ello, y cómo iba dejar pasar la oportunidad. Una persona muy cercana me ha facilitado un ansiolítico. Esta persona no es psiquiatra, pero me ofreció discretamente una tira de este medicamento. Sé de los peligros que conlleva el auto medicarse, y aún más tratándose de este tipo de fármacos. En primer lugar generan adicción fácilmente y en segundo pueden generar efectos secundarios terribles. Aprovecho para disuadir a quien lea esto, de hacer lo que un servidor.

Pero, la primera vez que la tomé... guau. Hacía años que no me sentía así de bien. El sistema nervioso necesitaba ya un estate-quieto importante. Si he estado más o menos a la altura de los acontecimientos estas últimas dos semanas ha sido por eso. Sé que está mal, pero por eso sólo la tomo para eventos específicos. No es mi desayuno. Espero evitar así la dependencia porque además debo reservar algunas dosis de esta tira para las audiencias que tarde o temprano he de enfrentar. Por ahora sólo la tomo como medida de emergencia, solo para frenar los ataques de pánico.

PD: añado el testimonio de alguien que se ha sumergido en la ansiedad y ponderado sobre ella desde un enfoque humano, añadiendo algunas pautas para combatirla. Aunque no todo ha de tomarse a  pie de letra (no abandonemos jamás el sentido crítico), creo que lo empírico a veces tiene más valor que el frío análisis clínico.

domingo, 9 de agosto de 2015

Algo distinto.

Mis estados internos en soledad han cambiado un poco. Antes se apoderaba de mí una nostalgia a veces insoportable, un sentirme encerrado y aislado. Esta nostalgia y el sentirme 'fuera de la vida' han perdido fuerza con la simple observación del mundo. Tales sentimientos los genera mi mente, no se encuentran en él.

Ahora lo sé: esa melancolía no se debía al pasado, sino al presente que se me escapaba. No es que esté logrando cosas, tan solo he ganado cierto desenvolvimiento. Me siento menos restringido.

Y debo reconocer que ha sido gracias a este par de años con 'S': le he agarrado un poco de maña al entorno y eso me hace sentir mejor. No es una confianza eufórica que orilla a lanzarse ciegamente al mundo sino algo más estable que apenas germina.

A pesar de los tantos sinsabores narrados aquí, esta experiencia tiene aspectos constructivos: aunque mis momentos de soledad son menos, los disfruto más, tanto por la libertad que conllevan, como por la ausencia de patetismo que los definía. Y comienzo a sentirme algo más confiado para tantear el mundo, pero nada más...

que ya significa algo.

miércoles, 15 de julio de 2015

Miedo a trabajar (o buscar empleo).

Es increíble cómo algo que la mayoría desempeña con facilidad para nosotros los socio-fóbicos sea una tortura.

He descubierto que por más razonamientos que uno use para disolver el miedo, éste sigue anclado en nuestra mente, listo para detonarse en cuanto detecte la situación con que nos agobia.

Algunos sugieren apoyarse en un psicólogo o psiquiatra pero, ¿qué hacer si ninguno está a nuestro alcance, ya sea por vergüenza a confesar nuestros temores o por simple impedimento económico?

La verdad es que no hay solución inmediata que nos arranque ese temor incapacitante. En el borde de la impotencia solo nos queda tantear la situación poco a poco, lo que implica presionarse uno mismo.

Es duro, como lanzarse a un vacío.

Vale acompañarse de un pensamiento que aligere la presión: "Voy por propia voluntad, nadie me obliga. En cualquier momento puedo dar media vuelta e irme". Es un recurso poco brillante, es burdo. Pero hay qué comenzar por algo, asumiendo de antemano que nada resultará perfecto.

sábado, 8 de febrero de 2014

Inmutable.

Podría describir múltiples
externos positivos. Pero poco
han contribuído a la disolución de mis inseguridades más
básicas: aún me cohíbo ante los escenarios sociales; aún
experimento un ligero temor a salir; el pánico se apodera de mí en situaciones desafiantes que me exijan romper con mi zona de confort. Y apenas este mes recaí en el foro ("no estás solo") con un par de posts en un lapsus de extrema vulnerabilidad.

Algo no está funcionando.

viernes, 31 de agosto de 2012

La lucha contra el miedo.

No sé cuándo fue la última vez que salí de casa. Creo que fue hace dos meses. Hace media hora (a las 11 AM) me vi obligado a salir nuevamente porque mi gatita se quedó sin comida. Desde antier le ofrecí otros alimentos que ni siquiera probó. Se la ha pasado durmiendo, pobre gatita.

No podía tenerla así. Ayer me dormí temprano con la idea de salir hoy por comida para ella. Como siempre, estuve a punto de no salir. La idea de encontrarme afuera, expuesto, y enfrentar esa maldita cerradura que jamás puedo abrir, me helaban el corazón. Pero me arreglé (el rito de siempre: no saber qué ropa elegir, verme una y otra vez en el espejo para confirmar mi buen aspecto), intenté relajarme y dudé en salir pero de repente un pensamiento que denotaba fastidio apareció. «Ah, no me voy a rendir ante esto». Abrí la puerta y me expuse al exterior.

Ya estando afuera no me sentí tan mal. Lo que alimenta mi seguridad es comenzar a caminar. A cada paso voy ganando confianza, no sé por qué. Pero es un factor que me ayuda mucho. Lo que me asusta no es el mundo exterior en sí, sino la mirada ajena, el trato inesperado con otras personas o el no saber cómo responder ante determinadas situaciones. Con respecto a esto último, la cerradura de la unidad en que vivo es mi infierno porque siempre me cuesta trabajo abrirla desde fuera. Es como si mi cerebro fuera incapaz de comprender su funcionamiento, y la sola idea de lidiar con ella es mi mayor tortura. Hoy no fue la excepción.

Forcejeé un rato con ella pero finalmente pude abrir. Recobré mi paz al comprar comida para mi gatita y el pequeño triunfo de atreverme a salir restauró algo de mi confianza. Pero lo que más me redituó fue haber tenido el valor de enfrentar esa pequeña cerradura. Es una verdadera tontería, lo sé. Sé muy bien que todo mi cuadro resulta de lo más absurdo pero así somos los socio-fóbicos: esclavos del temor y los ataques de pánico ante situaciones irrelevantes.

11:37 AM

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