martes, 7 de diciembre de 2021
Contracorriente.
miércoles, 13 de octubre de 2021
No mucho después de tanto.
jueves, 8 de octubre de 2020
Último esfuerzo.
Estos últimos tres meses han sido (al menos para mi) desbocados. En una semana tuve dos audiencias y de no ser por los ansiolíticos no habría estado a la altura. A fin de cuentas qué es acudir a un juzgado. Un juzgado es un puñado de gente que atiende y realiza trámites, mortales que padecen la vida como cualquiera.
La inmersión en entornos nuevos siempre me parecerá amenazante, aún después de un tiempo en que una persona normal se familiarizaría con ellos. La parte del proceso en que me encuentro ya no es contenciosa sino meramente burocrática. ¿Por qué siento esa contracción en la boca del estómago ante situaciones mucho menos adversas?
A estas alturas ya tendría que haber desarrollado cierta adaptación pero ante lo que debería serme rutinario sigo reaccionando igual o peor: angustia, temor, etc. De repente entro en un ánimo más favorable en que me siento casi imperturbable pero suele durar muy poco. Impera el pavor ante la siguiente audiencia, la llamada del abogado, etc.
No quiero aventurarme pero si las cosas resultan favorables, antes que termine el año o a inicios del entrante, recuperaré mi departamento, sitio del que ya me siento emocionalmente desvinculado. Pero aún guardo cierto temor de que las emociones me traicionen y me gane un llanto incontrolable una vez que vuelva a poner un pie en ese lugar.
No puedo acobardarme ahora. Si la mayoría del proceso lo viví con miedo, y a pesar de este me atreví a actuar, si los ataques de pánico no me detuvieron y ya pasé por la fase más difícil, debería acopiar un poco más de entereza. Se lo debo a mi madre y en parte a mi hermano. A mi gatita. A mi novia que tanto me ha apoyado.
domingo, 16 de agosto de 2020
Ahí vamos...
Despedir a los abogados anteriores fue algo incómodo y reconozco que no lo hice de la mejor forma, de hecho fue algo cobarde, amputando nuestra relación mediante un correo electrónico en el que les agradecía por su ayuda estos años, omitiendo las verdaderas razones de mi decisión: su apatía para llevar mi caso, a la vez que su exigencia puntual de su iguala (que yo sepa, el que paga es el que tiene derecho a exigir, no al revés). Me ofrecieron una alternativa, que ya no respondí porque sólo conducía de nuevo al bucle de desesperanza, estancamiento y sobre todo, pérdida de dinero. Me costó trabajo escribir ese correo por querer plantear el despido en buenos términos, pero mi novia (evidentemente ella es la de los cojones en esta relación) me dijo que no debía tener consideración para con ellos ante su indolencia.
En fin, nuevos abogados, nueva etapa. Las primeras dos entrevistas en su despacho duraron una hora. Cosa curiosa, siento que en esas dos sesiones ya habíamos charlado más con ellos que con los abogados anteriores. Aquellos básicamente sólo nos citaban para estirar la mano esperando recibir su iguala. Bastaron esos encuentros para comenzar a detectar los focos rojos que no vimos en los asesores que contratamos primero. Como los que escapan de una secta y no veían todos los atropellos mientras eran cautivos.
Me siento más optimista pero sin dejarme llevar por el entusiasmo. De hecho, se viene, otra vez, una serie de audiencias espantosas como las de hace tres años. Mi perspectiva es hallarme más entero para enfrentarlas. Creo que entonces debí ahondar más en todo lo que fue ese proceso, pero era muy penoso narrarlo, era algo en lo que no quería pensar y decidí llevármela relax en vez de analizar todo lo ocurrido. Pero de haberlo descrito creo que habría sido de ayuda para cualquiera que, como un servidor, se halla de repente en terreno desconocido, en completo estado de indefensión. Por lo menos ya tengo detectada mi propensión a los ataques de pánico. Tengo que comenzar a atacar eso.
viernes, 22 de febrero de 2019
Y seguir adelante...
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| "It's about how hard you can get hit and keep moving forward..." |
Debí ocultar mi entusiasmo porque, aunque mesurado, para mi novia no pasó desapercibido. Me respondió con “bueno, estos asuntos toman muchísimo tiempo, como dos años... falta mucho para que recuperes tu casa”.
Entiendo y comparto su escepticismo hacia el modo en que funciona el sistema en México: siempre en contra de sus ciudadanos y a favor de los delincuentes (habría que ser absurdamente ingenuo para no notarlo). Quizá fue una tentativa sincera de su parte por hacerme aterrizar al mundo real y no hacerme ilusiones. Pero debo admitir que el comentario me pareció ofensivo dada mi situación. Casi como si le enfadara que, por fin, algo se diera a mi favor.
Quiero dejar claro que no espero apoyo moral de nadie. Eso es algo de lo que he podido prescindir con relativo éxito. Creo que la gente en torno nuestro no está obligada a simpatizar con nuestras tragedias ni tomar partido en ellas. Pero también creo que así como se abstiene de una intervención positiva, debería ahorrarse el comentario ambiguo o la injuria abierta. Ambas están de más.
Pero lo inusual fue mi reacción. Antes me hubiera sentido sumamente agraviado y hasta traicionado, rumiando las repercusiones de dicho comentario. Esta vez me comporté abiertamente indiferente (que no ofensivo) hacia ella durante el resto de la conversación sin siquiera enojarme. Y a diferencia de anteriores desencuentros ahora no sentí culpa alguna. Solo confirmé que vivimos en un mundo donde elegimos descartar toda esperanza aunque ésta tenga fundamento.
sábado, 14 de octubre de 2017
Defenderse.
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| "Straw Dogs", 1971. |
Si acaso alguien enfrenta la desdicha de atravesar por algo similar, aconsejaría adiestrar su soltura lo más posible. Es esencial foguearse en el mundo real (los ensayos mentales no cuentan) para ganar confianza y entereza. A pesar de ser una víctima, el enfrentamiento es contra los agresores y contra el sistema. No hay asesoría que prepare a la víctima para hacer frente a eso. Independientemente de cómo vayan a resultar las cosas, la desesperanza no es una opción.
viernes, 7 de octubre de 2011
Justicia natural.
Cómo es la vida. Tú que empleabas tu (supuesto) gran intelecto para invalidar a otros, haciendo alarde de superioridad, ahora lo estás pasando un poco mal. No me alegra. Me parece triste. También me sorprende cómo yo no tuve que hacer nada. No tuve que buscar «venganza» o «devolver el flujo», como sueles decir para justificar tus actos. La propia vida hizo justicia.
Es curioso cómo tener más no significa vivir mejor. Presumías de ser próspero. Pero en el fondo nunca te has valorado a ti mismo. Evadías la realidad en una vida opulenta, pero jamás operaste un cambio esencial en tu persona. Y mientras tus condiciones materiales mejoraban, tu calidad de vida decrecía.
Dado el contraste entre nuestros distintos modos de pensar y actuar, pienso que no lo he hecho tan mal. Al menos intento superarme en algún sentido y evito las conductas auto-destructivas. Y no actúo de mala fe contra nadie por complejos, rencor o envidia.
Me siento extraño. Ahora que tus hostilidades han disminuido, creo que mi camino será más llevadero. Eso es nuevo para mi. Lo siento mucho por ti. Tantos esfuerzos invertidos en perjudicarme fueron en vano. Ojalá recapacites y puedas enderezar su vida en medida de lo posible.
Aún estás a tiempo, viejo.
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