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viernes, 8 de noviembre de 2013

Alas rotas.

Quizá cometo una imprudencia al dedicarte unas líneas sin habernos tratado mucho. Pero es un aprecio sincero el que me mueve a escribirte. Algo breve, pero de corazón:

Nunca sabré cómo te sientes ni me atrevería a suponerlo. Solo uno sabe de los propios
padecimientos y su crudeza. A veces, después de mucho
tiempo, logran quebrantarnos.

Pero después de eso, uno
descubre que se requirió de
mucho para vencernos, lo que revela nuestra fortaleza.

Tú eres fuerte, y una persona
valiosa.

Solo quería decirte eso. Puede no ser mucho, pero es así como te demuestro mi aprecio y te ofrezco mi apoyo. Tienes en mi a un amigo.

Te mando un fuerte abrazo.

martes, 7 de febrero de 2012

El valor de una mascota.

"Hoy traicioné a mi mejor amigo y le hice dormir..."

Hace unos días encontré una noticia sobre un actor neoyorquino que, sintiéndose traidor a su mascota por sacrificarla, decidió suicidarse. Fue una de esas notas «de relleno» que se prestan a la burla y se olvidan pronto. Pero me llamó la atención.

«Ante la reglas de condominios que prohíbe tener perros de razas grandes en Manhattan, incluidos los pitbull como Rocco, el actor Santino prefirió pagar una multa que deshacerse de su compañero; sin embargo, tuvo que sacrificar al perro ante la norma».

Hace dos años también tuve que sacrificar a mi mascota (pudiendo salvarla de haber tenido el dinero) y, como el protagonista de la nota, también me sentí un traidor. De hecho, no me he sentido peor desde entonces. Me han pasado muchas cosas en todo este tiempo pero nada supera aquello. La diferencia es que el actor se suicidó. Yo simplemente seguí viviendo con depresión y culpa.

Parece que la valoración de estas cosas (el cariño de alguien por una mascota) cambia según la importancia de la persona. Si yo dijera que mi mascota es mi sostén emocional, sería ridiculizado. Pero si lo dice alguien famoso, es admirable.

"Así es, yo no quería estar aquí, pero tampoco quería matarme. Tan sólo quería presionar un botón y desaparecer. Creo que no había salido de casa por cuatro o cinco meses, y estaba sentado en el armario, durmiendo ahí por alguna razón, en mal estado, y sólo recuerdo que estaba pensando, 'Oh, hombre, si yo hago esto...' Y entonces miré a mi perro, Lowjack, e hizo un sonido, un sonido casi humano. No tengo niños, los perros se han convertido en todo para mí. El perro me miraba como diciendo: '¿Quién va a cuidar de mí?'". Mickey Rourke.

Si algo me ha marcado, fue estar en compañía de mi mascota cuando me estaba muriendo, me iba mal y a nadie le importaba; sólo estaba ella junto a mi. No puedo decir que esos tiempos fueron totalmente malos porque ahí estuvo ese gatito alegrando mis días.

Estoy hablando de una mascota que me hizo compañía por más de una década. Eso la ató a mi corazón y la convierte en un ser más valioso que cualquier persona con que traté esos días aciagos.

Sólo una persona que ha experimentado el abandono y soledad descarnados puede comprender el valor de una mascota. Sentimiento que se debe ocultar a fin de mantener a raya el escarnio.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Réplica.

Esta es una pequeña réplica a una entrada en la cual, reflexionando a conciencia, no fui justo. En ella cuestioné la amistad de una persona. Pero hay algo que no mencioné. Aquella vez aludí a ciertas muestras de rechazo por parte de una amiga. Pero no hablé del rechazo que antes manifesté hacia ella cuando apenas nos conocíamos.

Nuevamente, otra persona se topa con mis barreras antisociales y escepticismo. Hacía años que no conocía a alguien ávido de conocerme, a pesar de mi actitud evasiva. La simple y llana experiencia de conocer gente nueva ya me es extraña: pero me es completamente extraordinario que alguien muestre entusiasmo por mi. 

Su entusiasmo me sorprendió y asustó. Mi reacción fue análoga a la de un animal salvaje ante el cariño, lo que derivó en una cadena de rechazos de mi parte. "De cualquier modo, se decepcionaría si me conociera, así que es menos grave la decepción de ni siquiera conocerme", pensé.

Y un día, con todo y mis complejos, accedí a conocernos en persona. Fue nuestro primer y único encuentro. A partir de ahí fue ella quien marcó su distancia. No la culpo. Su proceder fue justo.

Creo que esta pequeña entrada nivela la balanza con mi jeremiada anterior.

martes, 23 de agosto de 2011

Revalorando una amistad.

Hace unos días reflexionaba sobre cómo los amigos llegan a alejarse. Ahora quisiera expresar mi sentir sobre las pequeñas muestras de hostilidad o desprecio por parte de algunas amistades hacia mi, lo cual las pone en entredicho.

No me gustaría que se pensara de mi que soy del tipo quisquilloso o volátil. De hecho no soy muy bueno detectando indirectas o señales de aversión. Aquí me referiré particularmente a una persona. He pensado mucho en ella porque... bueno, son las personas que más queremos quienes más daño pueden causarnos y a quienes les perdonamos todo, ya sea justificando sus actos o minimizando sus gestos antagónicos.

Tampoco quiero victimizarme o difamarle gratuitamente. Estoy lejos de ser ejemplo de comportamiento. Cometo muchos errores en mi trato con la gente. Pero para mi, el lineamiento básico de la amistad es sencillo: si le resulto desagradable a alguien, me alejo sin aspavientos. Si alguien me resulta antipático, simplemente le evito. No estamos forzados a entablar amistad con quien no queremos. No viene al caso ser falso. Si no soy un amigo digno, ¿por qué no decirlo abiertamente?

En realidad no soy exigente con mis poquísimas amistades. Las acepto como son, tal y como ellos me aceptan con mi cúmulo de defectos. Pero creo que entre amigos no debe haber guiños de menosprecio o rechazo. Si bien a veces la convivencia llega a fastidiar, y la idiosincrasia de nuestros amigos nos resulta chocante, después de un tiempo todo vuelve a ser como antes y la amistad no sufre mella. Ni siquiera es resiliente sino que permanece intacta.

Pero hay que saber distinguir entre los gestos del malhumor pasajero y los que evidencian un desdén hacia nosotros. Éstos últimos no son muy notorios. De hecho, el desprecio se deja entrever en los detalles. Guiños que en su momento noté pero no consideré importantes. No los reseñaré aquí. Sólo quería hacer un comentario general y decir que más vale el examen posterior de los hechos que nunca darse cuenta de ellos.

Comportamientos que deberían parecer nimios, cobran mucha importancia debido a de quién provienen. En este caso, son de alguien que constantemente decía apreciarme incluso por encima del resto. Esta actitud resulta decepcionante de quien se presenta ante nosotros como amigo o dice querernos mucho. Tardé en darme cuenta de todo el bluff. Pero afortunadamente esta clase de eventos siempre pueden ser rectificados.

Llega un momento en que se debe dar por terminado un vínculo, porque "charlar y aclarar las cosas" sólo prolonga su deshonestidad.

jueves, 18 de agosto de 2011

Un tipo mezquino.

En verdad que mi torpeza no tiene límites. Por querer darme cierta importancia, una vez más, hago sentir mal a alguien. A veces pienso que debería alejarme completamente de los más cercanos a mí, al menos por un tiempo.

Esas personas que toleran mi forma de ser. Quienes a pesar de mi torpeza y arrebatos de arrogancia (no sé de dónde provienen) siguen conmigo. Un día me quedaré completamente solo a menos que cambie mi actitud.

No me importa quedarme solo. Sería justo y bien merecido. Pero he de suavizar esas aristas en mi carácter, no por mí, sino por ellos. Gente de gran corazón que es víctima de mis arranques de inmadurez.

Mis intentos por darme mi lugar resultan equívocos y contraproducentes. Es como cuando uno quiere lucirse y queda expuesto como el más idiota. Definitivamente no es lo mío intentar hacerme notar. Los resultados son siempre penosos.

Llega a entristecerme lo miserable que puedo llegar a ser. Ojalá esas personas a quienes he hecho sentir mal no me dieran tanta importancia. Ojalá pudieran darse cuenta de mi poco valor.

Pero creo que me he precipitado a escribir sobre esto sin previa reflexión. En fin, mañana será otro día.

lunes, 15 de agosto de 2011

La fuerza de las palabras.

Hace tiempo leí un libro llamado "Los Cuatro Acuerdos", de Miguel Ruiz. No opinaré si el libro es bueno o malo. Pero recuerdo uno de esos convenios, que era "Sé impecable con tus palabras".

Apenas estoy valorando esa frase. Me vino a la mente cuando, hace unas horas, una amiga me cuestionó sobre algo y yo le respondí de modo serio, pero quizá poco amable. En mi respuesta se podía entrever una actitud defensiva. Fue una nimiedad, pero creo que esas cosas que a veces nos parecen insignificantes llegan herir a otra persona.

No hay que ser demasiado inteligente para percibir cómo un pequeño diálogo se torna tenso a partir de la reacción de uno de los participantes. Intenté retomar el tono ameno de la charla mediante una broma tonta, pero mi amiga ya se había resentido. No debí responder como lo hice. Y no hubo modo de reparar el daño.

Lo peor es que a partir de eso tomará su distancia, al descubrir que no soy tolerante a ciertas cuestiones. He de admitir que su pregunta me hizo mella. Sentí que encerraba ciertas implicaciones sobre mí que no me gustaron, y como respuesta generalicé sobre la gente que prejuzga, lo que ella interpretó como indirecta... y no se equivocó.

Curiosamente, justo ayer hablábamos sobre aquellos que no abren la boca mas que para dañar o lastimar. Siempre he estado en contra de quienes se expresan negativamente, con saña. Otros intentan "elevar" eso a categoría de sarcasmo y resultan peores, más incisivos, como intentando demostrar su dominio del lenguaje y su capacidad de ironizar a expensas de terceros.

Sé que el tema no es nuevo, pero no deja de sorprenderme. Incluso aquí, en Internet, abundan esos comportamientos. Basta entrar a una sala de chat para comprobar que el 90% de las charlas (si se les puede llamar así) están compuestas de ataques personales. En You Tube hay registrados miles de ejemplos similares en los comentarios.

Resulta preocupante que, esto que ahora llaman "cyberbullying" (qué termino más rebuscado) no sea sólo incidental, sino algo metódicamente aplicado. Los hay quienes se dedican, sistemáticamente, a neutralizar a otra persona. Si bien el daño no es físico, y el blanco es la "identidad digital", esos ataques constituyen un agravio real a quien se le dirigen.

Peor que algo metódico y planeado, es que se convierta en una especie de "entretenimiento". En Facebook he encontrado páginas dedicadas a hacer escarnio de otros usuarios mediante sus fotos. Muchos usuarios encuentran cierto placer en ello, lo que me resulta inexplicable. Para colmo sienten ejercitar su "talento" en ridiculizar a quienes no conocen.

Claro, el efecto de esos comentarios depende de la seguridad que uno tenga en sí mismo. Si uno es inseguro, le afectará mucho. Si nuestro aplomo está bien cimentado, el efecto será nulo. Si uno se encuentra en el punto medio (como es mi caso), el efecto será incierto. También hay que saber distinguir entre el cuestionamiento inocente y el comentario francamente malintencionado.

Volviendo al diálogo con mi amiga, posteriormente comprendí que su pregunta era sincera. En este caso, el tono de mi respuesta estuvo injustificado: fue producto de mi inseguridad. Ésta me traicionó ante lo que interpreté como un posible juicio contra mi. Analizando mi respuesta, aunque en parte era acertada, tenía cierta connotación negativa. Me doy cuenta que no se requieren términos ofensivos para ser hostil.

Creo que vale la pena indagar un poco sobre nuestras debilidades y el modo en que las proyectamos. Tenemos que descubrir el poder de nuestras palabras, y usarlo para bien. Creo que usarlo para lastimar es síntoma de estupidez, cobardía e inferioridad. Claro que a veces hay que ser parco o severo, pero eso es distinto a ser perverso.

Por mientras, existe un daño que debo enmendar.

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