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lunes, 27 de agosto de 2012

El amor, según Neil Strauss.

"Tenemos la extraña idea de que el amor es algo que debe durar eternamente, pero el amor no funciona así. El amor es una energía libre que viene y va a su antojo. A veces perdura durante toda una vida, otras sólo nos acompaña durante unos segundos, un día, un mes o un año. No podemos tenerle miedo al amor sencillamente porque nos haga vulnerables, y tampoco debemos sorprendernos cuando nos abandona. Lo único que podemos hacer es agradecer el hecho de haber podido experimentarlo". 
Neil Strauss.


lunes, 6 de agosto de 2012

Ese fuego que consume el alma.

"Amor, siempre contarás conmigo..." 
"Y", un Domingo 30 de Enero de 2011.

"...¿Te confieso algo? A veces me haces falta. Como que me siento vacía cuando no sé de ti... estoy loca, ¿cierto? Te siento como parte de mi. Y cuando no sé de ti se me vienen muchas cosas a la mente.

Me siento muy orgullosa de tenerte a mi lado..."
"Y". Sábado 19 de Febrero de 2011.

 "– Mi amor, si llega el momento en que encuentres a alguien que te haga vibrar mucho más y dejes de sentir lo mismo por mí, por favor dímelo.
 – Mi vida, ¿por qué dices eso?
 – Porque posiblemente suceda amor... si dejas de sentir lo mismo, por favor dímelo, no sólo te alejes, sólo te pido eso.
 – Amor, me duele que pienses eso y no se por qué lo dices.
– Si ocurre dímelo. Te juro que no haré dramas ni nada de eso. Por ejemplo, me puedes decir 'Daniel, ¿qué crees? Sé que esto será difícil, pero he conocido a alguien y me gustaría intentar una relación con esa persona'. Yo entenderé..."
Fragmento de mi conversación con "Y", del Martes 22 de Marzo de 2011. 

Ayer Domingo supe que "Y" ya tiene una relación formal. Ha sido un día abrumador que aún no digiero y me ha espantado el sueño.

Creo que uno de los peores sufrimientos es ver cómo un vínculo que considerabas tan sólido y profundo se desvanece como si hubiera sido un espejismo. Llegué a pedirle, a suplicarle, una explicación clara de su resuelto alejamiento y jamás me la concedió. Me ignoraba deliberadamente y jamás supe por qué (cometí un error con ella pero su reacción fue desproporcionada; en fin, ahora ya no importa). Solo me descartó como si nada. Hubiera preferido que me confesara abiertamente su desprecio; eso me habría dado paz. Pero guardó total silencio.

He enfrentado magnas adversidades que aún no supero del todo. La muerte de mi madre. La muerte de mi hermano. La nociva dinámica familiar a que nos sometió mi padre. Ese horrendo año 2004, que me hizo coquetear con el suicidio. El cargo de conciencia por no visitar a mi abuela durante sus últimos años siendo yo su nieto consentido. El sacrificio de mi más querida mascota.

Y el doloroso tránsito del amor a la indiferencia de "Y" me ha atormentado tanto como cualquier adversidad anterior. No es la indiferencia en sí lo que hiere sino de quién proviene. Ella que alguna vez aseguró quererme y juró jamás olvidarse de mi, se fue distanciando poco a poco hasta ignorarme por completo. Y esa sensación de desconcierto por perder a alguien así y sin una causa que lo justifique te destroza el alma.

Es increíble cómo cambia la gente. Un día significas todo para una persona y al día siguiente no te recuerda. Ese tipo de rupturas causan un trauma e infunden la idea de que los vínculos son inestables o falsos, lo que hace que desconfíes de cualquier persona que dice apreciarte, porque temes que de súbito te trate como si no existieras. Incluso rompe tus esquemas de lo que consideras real. Yo comencé desarrollar una desconfianza hacia la realidad misma... ¿qué certeza puede ofrecer un mundo donde lo que más valoras puede dejar de existir en cualquier momento?

No creo exagerar al decir que en algún momento crucé la frontera de la cordura a la demencia y regresé porque mi psique apenas resistió, lo que no quiere decir que se haya recuperado. Por dentro estoy hecho pedazos. Para el ojo ajeno resultará un sufrimiento absurdo e innecesario. ¡Qué fácil es mandar al diablo a quien nos da la espalda! Pero hay personas que nos dejan marcados. Ella es el amor de mi vida, mi Talón de Aquiles.

Me da risa ese consejo que siempre alguien ofrece en esa situación. "¡Pues mándalo/a al diablo! Si no le importa lo que sientes, al diablo con él/ella; no vale la pena..." Ojalá fuera tan fácil activar o desactivar nuestras emociones a voluntad; entonces todos seríamos felices. La realidad es que puedes estar peleado con medio mundo o ser ignorado por él sin que te afecte para nada. Pero si aquella persona que tanto quieres rompe el vínculo que te une a ella... eso te destruye.

Me he planteado una pregunta que me asusta. ¿Volveré a enamorarme tan intensamente de alguien más como me enamoré de "Y"? Creo que es imposible. Ella llevó mi cerebro, mi psique y mis nervios al límite. Me hizo conocer estados de obsesión, ansiedad, melancolía y desesperación tan agudos que dudo volver a experimentar una mezcla de emociones tan brutal. Simplemente mi interior no es capaz de tolerar algo más potente. Y no puede existir estímulo más violento que ella.

Estoy tan cansado... este año y medio ha sido un verdadero padecimiento. Tengo qué liberarme de esta terrible dependencia. Reconstruir mi vida y mi mundo interno. Y recuperar esa relativa paz que mi ardiente amor por "Y" me arrebató.

sábado, 14 de enero de 2012

Silvia...

He estado releyendo nuestro antiguo intercambio de correos (los conservo todos). Esos extensos diálogos que consideraste “fríos” comparados con estar juntos, son ahora un extraño consuelo.

A veces me parece absurdo seguir pensando en ti, después de un año de no comunicarnos. Lo más probable es que a estas alturas tu amor sea bien correspondido por alguien más.

Lo hice todo mal. Y cómo fantaseo con regresar a ese día en que, agotado por mis circunstancias decidí alejarte de mi, y hacer lo contrario: decirte lo feliz que me encontraba por haberte conocido y poder amarte.

Eran días difíciles. Frustración afuera, conflictos dentro. Cosas que jamás hablé contigo por mantenerte separada de lo malo que finalmente me venció. No quería involucrarte. No quería que te preocuparas.

¿Sabías que soy una persona completamente disfuncional? Por eso lo mejor fue distanciarnos. De otro modo habrías experimentado una progresiva decepción que te hubiese destruido. Nos resultó caro a ambos, pero a la larga fue lo mejor. Peor hubiese sido lo otro: vivir conmigo, conocerme a fondo.

De repente me invade la idea de ir a buscarte... ¿cómo sería ver tus ojos otra vez? Iluminabas mi alma rota con ellos. Me hace falta eso.

Ojalá seas feliz ahora. Ojalá ni siquiera me recuerdes. Ojalá que, cada vez que el destino se ensañe conmigo sea generoso contigo. Que toda la realización sea entregada a quien pertenece.

lunes, 28 de noviembre de 2011

El sentir inoportuno.

No puede ser que haya pasado un mes sin haber escrito aquí, donde se supone que me siento más libre. Hace quince días quería hacer un resumen de una semana relativamente pesada, que soporté muy bien e incluso me sirvió de acicate (suscitó meditaciones importantes). Es mi costumbre documentar mis procesos internos en momentos difíciles pero esa semana y la siguiente me evadí en un proyecto fallido, aquél intento de novela.

Ayer Domingo 27 desperté bastante inquieto. No sé por qué, pero de repente sentí una intensa nostalgia por C. Sybil, y un deseo asfixiante por saber de ella y contactarla. Estuve hundido en la cama, recordándola durante una hora. Pensé que lo primero que haría al levantarme sería enviarle un correo, pero fue una idea producto de la oleada de nostalgía que me invadía y no la llevé a cabo.

¿Qué podría decirle después de un año sin comunicarnos? Sería muy bajo y cínico de mi parte escribirle «Hola» como si nada hubiese pasado. Mi última respuesta fue despreciable... producto de sentirme un poco agredido, pero despreciable. No estuve a la altura y debí aceptar sus justas y merecidas reclamaciones. Excepto por una cosa: en el último mail que recibí de ella (de Diciembre del 2010), me acusaba de andar por ahí con el «cuento» de ser virgen, y que ella sabía que esto no era así.

Ya confesé que mi pérdida de la virginidad fue demasiado tardía, en Marzo del presente año (2011). Por eso me sentí calumniado cuando ella, tres meses antes, me acusó de mentir diciendo que era virgen. Y jamás mentí.

Pero mi sentir con respecto a ella no tiene relación con esto, sino con que este Domingo pasado, súbitamente desperté extrañándola. Y aunque no le envié ese correo, todavía ronda en mi mente hacerlo.

Pero al sentarme aquí e intentar escribirle unas líneas, me quedo en blanco. Me siento estúpido y culpable. También me refrena el pensar que no sería sano ni benéfico para ella. A estas alturas ya me habrá superado y olvidado, e intervenir de nuevo en su vida sólo le causaría estragos. Tal vez sólo pretendo colmar egoístamente mi propia nostalgia.

A veces pensábamos muy distinto; las más parecíamos almas gemelas. Pero ella ha sido la única mujer que realmente me ha amado.


jueves, 21 de octubre de 2010

Esa pasión llamada amor, parte 2.

Las cosas malas no impiden nuestras vivencias; sólo las entorpecen. Lo que nos detiene después es la huella que imprimen en nuestro interior. Admito que cometí un error de actitud. La soledad no me sienta mal, pero renuncié cuando debí sacar la casta.

No ha sido muy distinto desde entonces. Pero ya han pasado muchos años de aquellas experiencias y no puedo permitir que me definan. He de revisar y cuestionar viejas creencias arraigadas.

Aunque antisocial, Internet me ha permitido conocer personas que de otro modo difícilmente conocería; personas que jamás me hubiese atrevido a tratar. Gente muy valiosa cuya amistad me ha enriquecido. Me habría gustado que me conocieran antes de perder mi brillo, y entonces podría devolverles algo de lo que me han dado. Me explico: no puedo evitar mi tendencia a poner límites y alejarme porque me siento incapacitado para expresar afecto o para iniciar o sostener una relación. Excepto en mi infancia, jamás fui aventado. No tengo la menor idea de cómo flirtear y me vuelvo torpe cuando me sé observado. Si una mujer me gusta, me lo guardo porque lo considero invasivo. Los piropos son ofensivos y de mal gusto, y quienes creen que así ganarán el aprecio de una mujer, o que eso es una manifestación de hombría, se equivocan.

Con respecto a esto quisiera añadir algo. Hay quienes desarrollan cierta retórica y adornan sus palabras en busca de la admiración del sexo opuesto. Apelan a la parte emocional con sentimentalismos para conmover, y se dedican a perfeccionar su labia camuflada como franqueza. Pero su propio discurso los traiciona. A la larga su verdadera personalidad sale a flote y sus palabras resultan no encajar con lo que son. Seducir con falsas palabras me parece un engaño nefasto, un recurso deshonesto y desesperado.

En la mayoría de los casos, esta serie de artilugios tienen sólo una finalidad: un acostón. Según mi percepción, se busca algún tipo de satisfacción inmediata que lejos de retroalimentar, genera un vacío interno. Sócrates lo expresa mejor:

"La ternura de un amante no es una afección benévola, sino un apetito grosero que quiere saciarse".

No. Elijo la torpe sinceridad por encima de todo, y que las cosas se vayan dando por sí solas, de forma espontánea. Pero más importante que tener pareja o no, es cuestionarse: ¿por qué mi afán de conquistar a alguien? ¿cuál es la finalidad? ¿por qué lo busco y quiero? Pienso que esa búsqueda de pareja es válida y necesaria, pero es vital sentirse bien consigo mismo de antemano. De otro modo lastimaremos a las personas que sienten algo por nosotros.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Esa pasión llamada amor, parte 1.

El día está a punto de terminar y apenas he tenido tiempo para ponerme frente al ordenador y escribir brevemente sobre el amor de pareja, un tema incomprensible para mí y del cual sólo tengo ciertas nociones básicas merced a mi casi nula experiencia. Intentaré abordarlo sin caer en lo cursi.

Para ser honesto, en este mundo de apariencias el amor entra por los ojos, generalmente. Mi primer enamoramiento lo tuve a los 10 años, con una chica que vivía enfrente. Recuerdo cómo me daba vueltas el estómago ante la posibilidad de encontrarme con ella en cualquier momento. Al poco tiempo entablamos amistad. Una vez se me ocurrió hacerle un regalo (entonces no era tan acomplejado) que ella me correspondió con otro. Luego de eso le escribí una halagadora carta, por medio de la cual le declaré mi amor y nos hicimos novios. Entonces cambió su actitud y se tornó indiferente. Me saludaba, pero ya no platicábamos como antes. Éramos novios y estábamos más distanciados que cuando éramos amigos. Todo esto es insignificante ahora, pero cuando lo experimenté fue todo un drama. Pero aún me sentía bien conmigo mismo.

En la secundaria las cosas cambiaron. Me convertí en el clásico barquito y pasé por momentos muy vergonzosos que no describiré aquí pero quien haya atravesado por lo mismo entenderá que ser ridiculizado frente a una chica fulmina la autoestima. En esa etapa me conformé con ver a las chicas pasar, sin dirigirles la palabra más allá de lo estrictamente necesario como medida provisional.

La preparatoria, mi perdición. Ahí cobré plena conciencia de mi nulidad como hombre y como ser humano. Creo que la autoestima muere definitivamente cuando se es incapaz de asumir un rol de poder; cuando hay seres que, aunque inferiores, se colocan por encima de uno; la superioridad numérica se impone y cualquier oposición es reprimida sin miramientos. Me refiero a los llamados porros, con los que siempre tuve conflictos. De nuevo omitiré las humillaciones cometidas por éstos, son algo que quisiera olvidar.

Las cosas nos afectan según el poder que les damos. No sé cómo lo habrán vivido mis compañeros de entonces (jamás hablamos de los abusos que sufríamos) pero tengo la impresión de que no sufrieron la mella psicológica que yo. No entendía por qué me sentía agraviado mientras ellos parecían inmunes. Será porque aceptaron y se sometieron a las reglas del juego. Yo no lo hice, pero irónicamente me condené como débil mental por sentirme afectado.

Había una chica bellísima cuyo nombre jamás supe, que me encontraba ocasionalmente en los pasillos, en la entrada o el patio. Me lanzaba unas miradas que indicaban aprobación. ¡Que bien se sienten las mariposas en el estómago! Tuve varios contactos visuales con ella que inundaban mi mente el resto del día. Me hubiera encantado al menos charlar con ella tan sólo una vez. Pero el ser consciente del peligro latente en ese entorno inhóspito me hizo desarrollar una actitud defensiva y de rechazo, de temor a ser burlado y ridiculizado por los porros que gobernaban la escuela. Esa chica que nunca traté es de lo poco rescatable de esa etapa. Una de mis pocas alegrías ahí era la esperanza de ver pasar a la güerita.

Ese amor de pareja tan normal para otros se convirtió en inaccesible para mí. Debido a las malas experiencias me torné inseguro, lo que minó mi autoestima para siempre. Aprendí a compensar esas carencias con lectura, dibujo y espiritualidad, actividades constructivas pero que no involucran a nadie, y poco a poco fui abandonando toda aspiración a amar o ser amado en aras de la autosuficiencia. Gustarle a una chica o sentirme atraído por una y no atreverme a hablarle se convirtió en la norma, y cuando las emociones derivadas de eso aparecían, luchaba por aplacarlas.

La medida provisional se convirtió en resolución definitiva.

miércoles, 6 de octubre de 2010

La esclavitud del amor.

[Esto lo escribí en Marzo o Abril del 2010. Revela mi incapacidad de entablar relaciones y mi carácter anti-social. Por estos defectos lastimé profundamente a la única persona que me ha amado en mi vida. Parece que sólo le causo decepción y sufrimiento a los que me quieren, y es por eso que me alejo. Pero es algo que no podría explicarles y que no entenderían aún si lo hiciera, porque para ellas amar es algo necesario y natural, parte de la vida.

Yo ya no entro en ese mundo
].

Conocer a una persona e involucrarme con ella es algo que no acostumbro hacer. Procuro mantener mis relaciones personales "a raya" y no entablar vínculos profundos. No me gusta que entre una persona y yo haya algún vínculo emocional de por medio porque a la larga éste se convierte en una carga, una loza, al convertirme de repente en responsable de lo que otra persona sienta.

Y cuando esa persona te echa en cara cuánto te ama y sufre por tí entonces esa relación se convierte en esclavitud, en chantaje; en cargo de conciencia, en manipulación. Amar se convierte en una obligación, un compromiso, y la espontaneidad se ha ido por un tubo: DEBES ser recíproco, de otro modo eres un insensible malagradecido. La persona te echa en cara su sufrimiento para hacerte sentir culpable, mantenerte enganchado, y de repente te encuentras sosteniendo una relación porque estás en deuda. Has sido injusto, egoísta, un ser despreocupado que no toma en serio las cosas.

Tal es mi situación ahora, una relación que comienza a asfixiarme. Esta sensación de asfixia es más intensa en mí, un esquizoide que andaba libre sin preocuparse por los sentimientos de nadie. Esta nueva esclavitud me rebasa y francamente comienzo a hartarme. Yo nunca había tenido una relación formal, pero si esto es amor, esclavitud y chantaje, entonces es una trampa, una camisa de fuerza.

Pero no pienso someterme internamente. Voy a luchar contra esta relación, la soportaré lo mejor posible, con buen ánimo, sin saber qué pasará después o si terminará y cómo será cuando termine. Ya vislumbro reproches, llanto y tragedia.

Extraño mi libertad y soledad.

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