domingo, 7 de agosto de 2011

"¡A darle átomos!"


Ayer en la noche, como a eso de las 10 PM, hice algunos estiramientos, alcé esas mancuernas y ejecuté una pequeña rutina. Amo ese dolor que despierta el cuerpo. Y debo decirlo: me alegra darme cuenta que, a pesar de haber abandonado la rutina un tiempo, no he perdido condición. Incluso antier que salí a caminar me puse a prueba, y encontré que no pierdo el ritmo. No me permito caminar lento y recorro siempre la misma despiadada distancia sin problema. Me encanta ese dolor posterior a un gran esfuerzo. Realmente lo necesitaba.

No tendré condición a nivel de atleta, pero vamos, que este cuerpo de 32 años aún se defiende. Todavía hace un par de meses me tomé una foto y la verdad no tenía tan mal aspecto. Creo que lo que me ha beneficiado enormemente es la falta de vicios: no fumar, no tomar, no drogas. Mis únicos vicios (que perjudiciales pero no tanto como aquellos) son el café negro y trasnochar. Pero, ¡qué rayos! Esas noches valen la pena.

Sí, es muy extraño el horario para eso, pero debía despejarme un poco. Llevaba horas leyendo.

Así se forja un guerrero, ¿o no?

sábado, 6 de agosto de 2011

Día cero.


El día de hoy no redituó mucho. Sin embargo intento aprovechar el tiempo libre leyendo. Otra vez los libros. Varias cosas, muchas de ellas circunstanciales y otras voluntarias me estrechan a este «pasatiempo» (no me gusta el término; siento que le resta seriedad).

En primer lugar, la costumbre. Tiempo atrás debí renunciar a muchas cosas y las fui compensando con lectura. Gran recurso, accesible y que no requiere mucho, ha absorbido la mayor parte de mi tiempo libre. En segundo lugar, el compromiso personal de mantener mi cerebro estimulado. Forma parte de mi vago e indefinido sentido de vida, que apunta a superarme de algún modo.

En tercer lugar, debo admitirlo, leer es una especie de «fuga», un modo de despreciar el mundo material y darle preferencia al mundo de las ideas. El mundo tiene problemas que no puedo resolver, y las ideas me reconfortan de las frustraciones que el entorno impone.

Existe la idea de que la lectura constante lo convierte a uno, automáticamente, en alguien culto o inteligente. Personalmente he podido comprobar que no es así. Quizá mis conceptos se han ampliado un poco, pero eso no me ha hecho mejor. Lo cual contradice mi propósito, pues la adquisición de conocimiento no garantiza un crecimiento interno. La ganancia real consiste en que, si no he logrado superarme, al menos no me he permitido decrecer... quiero pensar que es así.

Recuerdo periodos en que me sentía internamente pletórico, ensanchado. Me encuentro ahora, de algún modo, obstruido, incapaz de elevar mi entendimiento como lo hice alguna vez. Me imagino que algo así debe sentir el pugilista retirado que, sentado en un sillón, recuerda sus pasados días de gloria, pero tiene que seguir adelante porque «la vida continúa». Ya no se tiene la fortaleza de antes, ya se encuentra uno «quemado». Pero hay que seguir viviendo.

Es un poco decepcionante, por fin, haber al menos vislumbrado un propósito genuino y no poder llevarlo a cabo. Pero creo que mejor me detengo. Ya hizo presa de mi esa tendencia al pesimismo.

viernes, 5 de agosto de 2011

La disensión en mis sueños.

Mi noche de Jueves para amanecer Viernes estuvo plagada de los sueños más extraños. Me soñé recorriendo una ciudad abandonada, en la que había tal silencio que se escuchaba el soplar del viento. Iba en auto no recuerdo con quién. Esa persona conducía, yo era el copiloto. Intercambiábamos comentarios ocasionalmente, sobre a dónde ir o dónde dar vuelta en la soledad que nos rodeaba.  Buscábamos otros seres humanos pero en su lugar nos topábamos con bestias mezclas de felino y perro, pero casi tan grandes como el auto en el que viajábamos.

-Hay que mantener los vidrios cerrados- me dijo mi acompañante, que era una mujer, pero no recuerdo quién. Sin embargo, en el sueño la sentí familiar (¿Señorita "Y"?).

Por fin llegamos a una especie de escuela abandonada, en la que aún había cristales pero éstos eran completamente oscuros, así que no se podía ver hacia dentro. Le di la espalda a esos salones, esperando desvanecer con ello también el temor que me provocaban. En el silencioso y deteriorado patio me encontré con algunos familiares. Todos se encontraban bien, felices. Sin embargo yo me sentía incómodo y desprotegido en ese lugar. «¿Cómo pueden estar riendo si nos encontramos expuestos al peligro?» Sentía que debía protegerlos a la vez que me sentía impotente para hacerlo. Peor aún, debía guardarme mis tensiones y poner buena cara ante ellos.

Predominó en el sueño una sensación de desolación, a pesar de que en él «no estaba solo».

En otro sueño estuvo presente mi hermano. Aunque no lo vi, estaba presente mediante su sola voz. Se encontraba furioso con mi padre, por las cosas que éste había hecho. Recuerdo las reclamaciones de mi hermano a nuestro padre: tenían relación con sus engaños, su manipulación. Era un discurso bastante articulado, cosa curiosa, ya que por lo general los sueños (al menos los míos) carecen del mínimo orden.

Mi hermano no vacilaba en su recuento de daños. Su voz ahogada en ira despertó la mía, y traté de calmarlo haciéndole ver el fracaso total que nuestro padre enfrentaba en vida: estancado en un empleo mediocre, que no le satisface ni económica ni emocionalmente. Le señalé en tono irónico cómo nuestro padre, en sus «días de éxito», tildaba de estúpidos a todos a su alrededor. «Todos son unos pendejos, yo soy bien chingón», era su actitud entonces. Y cómo actualmente, cualquiera de los que solía denostar tan despóticamente, tiene una calidad de vida que ya quisiera él.

-Él no necesita castigo. Su propio modo de ser lo ha condenado. Pobre tipo, da pena- le dije en el sueño a mi hermano, con quien me sentía, valga la redundancia, hermanado. Sentimiento ausente mientras él vivía debido a las diferencias que mi padre marcó entre nosotros. Lo curioso es que esta vez he soñado a mi hermano como aliado. Usualmente aparece en mis sueños hostil hacia mi, siempre retándome en duelos retóricos bastante perniciosos, cosa que él nunca hizo en vida.

Creo que ese sueño destapó más bien mis propios deseos de ajustar cuentas con mi padre. Me trajo sentimientos negativos e intensos: rabia, impotencia y deseo de venganza. Claro que no consumaré venganza alguna. Por el contrario, reflexiono sobre cómo proceder correctamente en mi vida en general y evitar los errores y defectos de quien se supone debió ser mi «modelo a seguir».

martes, 5 de julio de 2011

Nuevo amigo en casa.

Desde el Domingo pasado tengo conmigo un nuevo «hijo». Es una gatita que me trajeron. Como siempre, el origen de estos animalitos es desconocido. Creo que es mejor este lugar para ella que la calle, que supongo hubiera sido su destino en caso de no adoptarla nosotros. Me alegra que esté aquí.

Me sorprendió su comportamiento. Usualmente los gatos tienden a esconderse en un entorno nuevo, y se aventuran a explorarlo poco a poco. Esta gatita resultó juguetona e inquieta desde el principio. Me imagino que sus dueños originales la trataron muy bien durante el poco tiempo que estuvo con ellos.

Le calculo dos meses, a lo mucho. Es muy pequeña. Noté que al principio esquivaba mi mirada y se enfocaba mucho en los objetos inmediatos. Ahora voltea hacia arriba y me mira. Creo que ya se familiarizó conmigo.

No puedo evitar actuar como un niño y jugar con ella. Tengo la idea de que, como los humanos, los demás seres vivos también necesitan diversidad de estímulos para desarrollar su mente. Los animales de compañía le inyectan vida a una casa. Pero si en esa casa les ignoran excepto para ser alimentados, se tornan huraños e inactivos. Y no quiero que pase eso con esta gatita.

Por supuesto, recordé a mi Bebé. Mi Bebita... que estuvo conmigo 13 años. Toda una vida. La extraño, lo admito. Y no comparo a mi Bebé con esta nueva gatita. No viene a reemplazarla, eso es imposible. Cada gatito es único, tiene su personalidad y tiempo de vida.

Mi Bebé siempre fue juguetona y excepto en sus últimos días, conservó su agilidad y entusiasmo. Maullaba mucho. Me buscaba y todo el tiempo estaba encima mío. Era una niña consentida. Ronroneaba solo cuando estaba en celo. Me buscaba para irnos a dormir y me despertaba rascando las cobijas para que le diera de comer. Cuando yo entraba al baño me esperaba al otro lado de la puerta. Jugábamos pesado, y cuando yo corría hacia la cocina ella lo hacía tras de mi; entonces la cargaba y besaba justo entrando ella. Le gustaba la avena. Solía decir de ella que tenía alma de perro, por su docilidad y nobleza. En algún lugar leí que la convivencia sostenida con humanos les hace creer a los animales que son humanos también. No sé si esta idea tenga fundamento, pero definitivamente mi bebé era muy tierna y sociable, además que se hacía entender claramente.

En verdad, Dios la bendiga. Ahora me doy cuenta que estos últimos 13 años jamás estuve solo.

Esta nueva gatita, que aún no tiene nombre, es una bomba. Se sube a todos lados, explora cada rincón, observa todo lo que se mueve y tiene un agudo sentido del oído. Todo le llama la atención; muy, muy alerta todo el tiempo. Su primera noche aquí se «desapareció». Después de estar jugando y corriendo todo (y digo, todo) el día, en la madrugada ni sus luces. Hasta la mañana apareció de la nada, comiendo bien a gusto. No tengo idea de dónde se habrá metido. No duda al ejecutar un salto. Por lo general los gatos «miden» el salto, y se les ve balancearse vacilantes. Esta gatita parece que quiere desafiar las leyes de la gravedad. Digo en broma que quiere hackear la Matrix. Brinca de un lado para otro, de arriba a abajo, se cuelga de la cortina de mi cuarto, etc. No está en paz ni un momento. Ayer mientras yo comía brincó a la mesa y probó mi sopa de estrellas... parece que le gustó. Ronronea todo el tiempo. Es muy linda.

No deja de sorprenderme cómo estos seres puedan ser considerados «inferiores» por la mayoría. Si me han dado alegrías muy importantes desde hace 13 años.

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